Sábado, 27 de junio de 2009
Entrevista de Luis García por Gabriel Ruiz Ortega para SIGLO XXI
“Hace muchos años que he optado por no reseñar aquellos libros que no me gustan. encillamente los aparto”
Luis García
CARTAS DEL NORTE (Literaturas.com – Libros, 2006) es el libro de ensayos literarios del escritor español Luis García (Oviedo, 1962). En sus páginas notamos la impronta de un autor inteligente y leído, su estilo es envolvente, como un fino estilete que de a pocos nos va revelando la esencia de la perdurabilidad de una novela, cuento o poemario, ofreciendo un constante diálogo de complicidades entre el escritor y lector. García es el Director de Contenidos de Literaturas.com, la web literaria en castellano más visitada, y también administrador del blog Las cartas del norte (http://lascartasdelnorte.blogspot.com/)
Gabriel Ruiz-Ortega / Siglo XXI
Por el título de tu libro, CARTAS DEL NORTE, podemos percibir que fue escrito bajo el ánimo de cierta intimidad hacia el lector.
Sí, esa era la idea. Yo escribía desde Asturias para un diario andaluz, El Correo de Andalucía. Así nacieron las Cartas del Norte, y he de confesar que el titulo no fue idea mía, más bien de José Luna Borge, quien dirigía por aquel entonces el suplemento literario La Mirada. También he de confesar que no era mi intención que mantuviera ese carácter unitario que después di en forma de libro, supongo que poco a poco las “cartas” fueron naciendo solas, se fueron configurando una tras otra hasta el resultado final. Aunque para publicar el libro he tenido que dejar muchas “cartas” en el cajón y he publicado solo aquellas que a mi parecer eran, digamos, las más literarias.
Se colige que escribes de los libros que te gustan.
Supongo que es más fácil escribir sobre aquellos libros o autores que te han marcado en tu vida. Por eso mis escritos son tan libres, escribo sobre Boris Vian, Rulfo, García Márquez, Julio Torri, Saramago…. De una manera quizás aparentemente muy anárquica. ¿Es más difícil hacerlo sobre un libro que no me llame la atención? Posiblemente no, todo es cuestión de oficio, aunque seguro que el crítico no pondrá idéntica pasión en ello. De hecho, hace tiempo que he tomado la determinación de no reseñar o escribir sobre aquellos libros que no me hayan gustado.
¿Y cómo definirías tu relación con la literatura?
¿Mi relación con la literatura? Supongo que es una mezcla de amor/odio, aunque suene a tópico. Lo cierto es que desde que recuerdo tener uso de razón (otro tópico) siempre me he visto leyendo, comprando libros, soñando…. Visitando asiduamente la biblioteca de mi ciudad, Oviedo, una de esas bibliotecas que suplían la escasez de libros con la comodidad que en ella sentíamos los que la disfrutábamos…. No sé si eso responde a tu pregunta. Pero si alguien me preguntara cuál es el primer recuerdo que de verdad tengo de mi relación con la literatura, este seria cuando cayó en mis manos un viejo ejemplar de LA MADRE de Máximo Gorki, que fui leyendo al calor de la cocina de carbón de mi abuela.
En el artículo “Novelas inéditas, novelas insólitas” das cuenta de la publicación de la novela LA FAMILIA FORTUNA, de Tulio Stella, que compitió en buena lid para alzarse con el II Premio Casa de América de Narrativa Innovadora, de la editorial Lengua de Trapo.
Tulio Stella tuvo su momento de gloria cuando consiguió el Premio de Novela Lengua de Trapo un año en el que el jurado pretendía dejarlo desierto. Creo que fue Vila Matas quien no se resignó y decidió “bucear” entre los innumerables manuscritos que había recibido la editorial hasta que descubrió una novela dividida en cinco partes (a la manera de 2666 de Bolaño). Después de aquello, Tulio Stella cayó en el ostracismo, o se convirtió en un nuevo Bartleby. Quién sabe….
Lo que hizo Vila Matas al “bucear” entre los manuscritos es interesante. Un acto de justicia. A veces los premios literarios se desdibujan porque no pesa tanto la calidad literaria, sino el nivel de relaciones de los agentes.
La historia de los Premios literarios, es muy curiosa. Yo puedo decir con moderado orgullo, que siendo pre-jurado de algún concurso literario, este siempre ha sido limpio. Al menos, hasta la selección final que el comité de lectura entrega al jurado. Lo que sucede después, cuando a este jurado le llegan cinco novelas, es otra historia. A mí personalmente no me molesta ese juego un tanto maquiavélico que hay entre editores, agentes y autores…. Al fin y al cabo la literatura es también una industria. Me molesta más, por ejemplo, cuando un escritor que gana un premio, al año siguiente se convierte en jurado de ese mismo premio para dárselo a quien se lo dio a él el año anterior, y así sucesivamente. Esto sucede con más asiduidad en la poesía, en donde la limpieza sí que brilla por su ausencia. Hay demasiadas capillas literarias, demasiados poetas y muy pocos premios. Y hay algunos renombrados críticos literarios y antólogos, empeñados en crear falsas escuelas literarias a golpe de talonario. Lo malo es cuando ese talonario lo pagamos todos, ya que siempre suele estar detrás alguna institución pública.
En este mismo capítulo también relatas la molestia de Luis Goytisolo, cuando era lector de Seix Barral, en relación a que nunca se haya publicado la novela LA GANDARA, que compitió en mesa con LA CIUDAD Y LOS PERROS.
LA GANDARA tiene una historia aún más peculiar. Yo conocía la historia por un artículo que había escrito Luis Goytisolo para ABC Cultural hace muchos años, y me impactó. Tanto fue así, que un buen día, meses después de hacerme eco de dicho artículo, y de escribir sobre LA GANDARA, al abrir el correo de mi ordenador me encontré un mail un tanto inquietante que venia a decir: “si quiere saber algo mas sobre LA GANDARA, llámame”. Y dejaba un número de teléfono de Barcelona. Resultaba que quien me había escrito era el abuelo del escritor de LA GANDARA, que estaba empeñado en publicar la novela, novela que por cierto conocía de referencia Luis Mateo Diez. Aquel hombre se ofrecía a enviarme un ejemplar para leerlo y para publicarlo en la incipiente editorial que habíamos creado en www.literaturas.com. Lamentablemente la novela había envejecido bastante mal y finalmente no se publicó, aunque dos años después llegó a estar en un catálogo de pre-publicaciones de Seix Barral. Continúa durmiendo en un cajón.
¿Quién era el autor? ¿A qué te refieres con el envejecimiento de LA GANDARA?
Ahora no recuerdo su autor, pero cuando hablo de envejecimiento me refiero a que se trataba de una novela de la posguerra civil española, ambientada en un opresivo ambiente rural. Me refiero a la forma que tenía de tratar a los personajes, la acción…. En fin. Sinceramente, preferiría haberme quedado con la intriga del artículo de Goytisolo. Era mucho más romántico.
Eres un conocedor de la actual narrativa española, ¿qué nombres te llaman la atención?
Actualmente estoy un poco desilusionado, quiero decir, que ya no me veo con aquella ilusión de hace veinte años cuando seguía lo que se llamaba la “nueva narrativa española”. Prefiero volver a los clásicos, y descubrir autores para mí inexplicablemente olvidados. Pero si tengo que dar algunos nombres, me quedo con Eugenia Rico, una escritora llamada a pasar a la historia de la literatura tanto por la forma de sus novelas como por lo que trasmite.Algún título de Rico que recomiendes.Eugenia Rico es una escritora especial, dotada de un talento como pocos escritores o escritoras actualmente. Así que recomendar algún titulo puede resultar difícil. Sin duda su última novela AUNQUE SEAMOS MALDITAS, es la mejor de todas, la segunda entrega de la tetralogía que sobre los cuatro elementos de la naturaleza se ha propuesto escribir. Pero como digo, se trata de una escritora que ya desde el comienzo de su carrera, desde LA EDAD SECRETA, o LA MUERTE BLANCA, apostaba por lo que hoy en día se denomina como “literatura fragmentaria”, esa que parecen haber inventado los Nocilla Dream y compañía. Y estamos hablando de hace muchos años….
Me parece muy interesante lo que hace Antonio Orejudo. Por ejemplo, su primera novela FABULOSAS NARRACIONES POR HISTORIAS está llamada a quedar.
Bien, FABULOSAS NARRACIONES POR HISTORIAS no la he leído, así que no puedo hablar de ella, aunque me consta que en su día tuvo muy buenas críticas. Sí que puedo hablar por ejemplo de VENTAJAS DE VIAJAR EN TREN, o de RECONSTRUCCIÓN, dos novelas muy dignas e interesantes. Es un autor, Antonio Orejudo, al que procuro seguir.
Y hablando de la crítica, pienso que la que se escribe, en medios y en la academia, debe ser tomada como una opinión más. Es absurdo que una mala reseña, en medios sobre todo, genere odios imperecederos.
Es y debe ser una opinión más. Hay que distinguir entre crítica académica y crítica de medios, llamada a conseguir que un lector se interese por un escritor o novela determinada. Aunque hay quienes sostienen que una crítica literaria solo interesa a quien la escribe y al escritor reseñado, en España también es cierto que una mala crítica no siempre gusta, y a veces causa como tú dices “odios imperecederos”. Pero como decía antes, yo hace muchos años que he optado por no reseñar aquellos libros que no me gustan. Sencillamente los aparto.
Eres el Director de Contenidos de Literaturas.com, con más de 150.000 visitas por mes. ¿Encuentras mayores ventajas de difusión en el medio virtual que en los tradicionales?
Todos tienen sus ventajas y sus desventajas. Los dos son compatibles y no excluyentes, como algunos medios se empeñan en defender (sobre todo medios de papel). Creo que los llamados medios virtuales están llamados a cohabitar con los tradicionales y que cada uno tendrá su espacio. ¿Más ventajas? La inmediatez, la rapidez, la interacción con autores, editores……..
Y para terminar, por la lectura de CARTAS DE NORTE se deduce también que te gusta ser un Bartleby.
Sí, es una figura que me encanta, me apasiona. Te voy a contar una anécdota. Cuando comencé hace años, en esto del periodismo cultural, logré entrevistar a Saramago (un 11 de septiembre del 2001, para ser más exacto). Bien, pues de aquella entrevista me quedó la leyenda de que Luis García no existía, que era un heterónimo de algún periodista de Madrid. En fin.
sábado, 27 de junio de 2009
lunes, 8 de junio de 2009
Círculos Literarios: Algo más que un Club
En el peculiar e histriónico mundo de la literatura, surgen a veces iniciativas más o menos novedosas que no por inverosímiles llegan a materializarse de muy diversas maneras. Todos deberíamos recordar aquí la ingente labor de un insigne escritor, músico e inventor que, llamado a revolucionar con sus artes los entresijos culturales del París de la posguerra, habría de pasar a la leyenda de los inmortales merced a sus obras, su música o a las fehacientes labores en las que se encontraba inmerso en aquel entonces. Todos deberíamos recordar, y por qué no, reivindicar con fuerza el buen quehacer literario de Boris Vian y una de sus obras más preciadas, La espuma de los días, auténtico manifiesto revolucionario en el que ya se apuntaban los principios programáticos de un selecto «club cultural» denominado «El Instituto de la Patafísica», del cual el propio Vian llegaría a ser junto a tantos nombres ilustres de nuestro siglo, caso de Raymond Queneau, Joan Miró, Marcel Duchamp o René Clair, sátrapa mayor para mayor gloria y honor del resto de los mortales. Boris Vian no fue sólo un escritor-músico-ingeniero y ocasional traductor. Fue la esencia misma de que el surrealismo, tal y como lo habríamos de estudiar en nuestras escuelas, era posible mucho más allá del manifiesto de Bretón, de las imágenes de Buñuel o de la memoria de Dalí. Boris Vian fue el inventor o creador, según se mire, de los «surprise-parties», rebautizados posteriormente como «tarte-parties», especie de fiestas o «alter ego» de las tertulias literarias del momento, en una de las cuales, por ejemplo, habría de tener lugar la ya famosa ruptura entre Camus y Merleau-Ponty, a la par que Sartre intentaba calmar los ánimos de los susodichos ajeno totalmente a los quehaceres culinarios que el propio Vian practicaba con Simone de Beauvoir.
Me viene esto a la memoria, (lo del Instituto de la Patafísica, se entiende, «Único Colegio que no se Proponía Salvar el Mundo», en clara contradicción con el Instituto de la Metafísica) porque recientemente he tenido la oportunidad de releer un libro que, editado por Tusquets y apadrinado por Luis Landero, sentaba los principios de otro insigne «Círculo Literario» aquí en nuestro país: «El Círculo Cultural Faroni». El libro, una selección de setenta y ocho relatos hiperbreves provenientes de las tres primeras convocatorias del «Premio Internacional de Relatos Hiperbreves», premio entre cuyas bases figura el que ningún relato debe de superar las quince líneas, no es sino la obligada manifestación artúrica de aquellos que inconscientemente hicieron de la escritura una convulsión transgresora de la realidad, de los excesos y de los necesarios imprevistos del fin del II Milenio. Conviene aquí hacer un paréntesis y decir que el «Círculo» nació al calor de Faroni, «Quijote mediático» del siglo veinte y acertado personaje, quizás alter-ego, de su creador, Luis Landero, en la novela Juegos de la Edad Tardía. Pero no vamos a hablar de Luis Landero o su obra, ni mucho menos de los honorables fines de tan peculiar «Círculo Cultural». No vamos a extendernos en un análisis concienzudo de los relatos (algunos verdaderamente magistrales) que se exhiben en el libro Quince líneas, ni tan siquiera a recomendárselo como lectura obligada para superar la depresión. No. Tan sólo he querido sacar a colación la existencia del «Club» en clara contraposición a otras antologías de relatos, para demostrar que a veces hace más el deseo de querer transmitir algo que la certidumbre de sentirse como un todo pasajero, lejos de cualquier otra indagación metafísica. El «Círculo» nació como tenía que nacer, según sus propios fundadores, en la trastienda de una pajarería de la calle Maudes de Madrid, al igual que «El Instituto de la Patafísica», me figuro que nacería al calor de algún cafetón del Barrio Latino parisino. Pero lo que sin lugar a dudas queda demostrado para todos aquellos que aún alimenten la sensibilidad con la lectura, es la inexcusable relación que se establece entre ambas entidades. Como Luis Landero reconoce en el prólogo a tan peculiar antología, jamás podría pensar que un personaje de novela, o mejor dicho, que un personaje nacido de la imaginación de dos personajes de novela, Faroni, pudiera desembocar en tan curioso desenlace. Lo que son las cosas. Rozando la inverosimilitud, alguien podría pensar que tal desviación no podría ser posible, precisamente por atentar contra uno de los principios sagrados de la creación literaria. Pero he aquí que unos mozalbetes, estudiantes de Filología, abogados, funcionarios o toreros, se encargan en la obra Quince líneas de echar al traste con toda una tradición literaria, que por más que lo neguemos se remonta hasta la época de Aristóteles.
Me viene esto a la memoria, (lo del Instituto de la Patafísica, se entiende, «Único Colegio que no se Proponía Salvar el Mundo», en clara contradicción con el Instituto de la Metafísica) porque recientemente he tenido la oportunidad de releer un libro que, editado por Tusquets y apadrinado por Luis Landero, sentaba los principios de otro insigne «Círculo Literario» aquí en nuestro país: «El Círculo Cultural Faroni». El libro, una selección de setenta y ocho relatos hiperbreves provenientes de las tres primeras convocatorias del «Premio Internacional de Relatos Hiperbreves», premio entre cuyas bases figura el que ningún relato debe de superar las quince líneas, no es sino la obligada manifestación artúrica de aquellos que inconscientemente hicieron de la escritura una convulsión transgresora de la realidad, de los excesos y de los necesarios imprevistos del fin del II Milenio. Conviene aquí hacer un paréntesis y decir que el «Círculo» nació al calor de Faroni, «Quijote mediático» del siglo veinte y acertado personaje, quizás alter-ego, de su creador, Luis Landero, en la novela Juegos de la Edad Tardía. Pero no vamos a hablar de Luis Landero o su obra, ni mucho menos de los honorables fines de tan peculiar «Círculo Cultural». No vamos a extendernos en un análisis concienzudo de los relatos (algunos verdaderamente magistrales) que se exhiben en el libro Quince líneas, ni tan siquiera a recomendárselo como lectura obligada para superar la depresión. No. Tan sólo he querido sacar a colación la existencia del «Club» en clara contraposición a otras antologías de relatos, para demostrar que a veces hace más el deseo de querer transmitir algo que la certidumbre de sentirse como un todo pasajero, lejos de cualquier otra indagación metafísica. El «Círculo» nació como tenía que nacer, según sus propios fundadores, en la trastienda de una pajarería de la calle Maudes de Madrid, al igual que «El Instituto de la Patafísica», me figuro que nacería al calor de algún cafetón del Barrio Latino parisino. Pero lo que sin lugar a dudas queda demostrado para todos aquellos que aún alimenten la sensibilidad con la lectura, es la inexcusable relación que se establece entre ambas entidades. Como Luis Landero reconoce en el prólogo a tan peculiar antología, jamás podría pensar que un personaje de novela, o mejor dicho, que un personaje nacido de la imaginación de dos personajes de novela, Faroni, pudiera desembocar en tan curioso desenlace. Lo que son las cosas. Rozando la inverosimilitud, alguien podría pensar que tal desviación no podría ser posible, precisamente por atentar contra uno de los principios sagrados de la creación literaria. Pero he aquí que unos mozalbetes, estudiantes de Filología, abogados, funcionarios o toreros, se encargan en la obra Quince líneas de echar al traste con toda una tradición literaria, que por más que lo neguemos se remonta hasta la época de Aristóteles.
domingo, 22 de marzo de 2009
Reseña Aunque seamos malditas de Eugenia Rico

Eugenia Rico
Suma de Letras, Madrid, 2008. 400 pp. 18 €Luis García Eugenia Rico es un valor seguro. Literario, como no. Y Aunque seamos malditas, su reciente novela, está llamada a conformar ese necesario fondo de armario que todo lector exigente precisa. La historia se desarrolla en un inhóspito territorio irreconocible pero con guiños a la Asturias profunda, la de nuestros ancestros, un mundo en el que el tiempo parece haberse detenido. Mágica donde las haya, nos envuelve desde el comienzo en un halo de misterio, en un triangulo del que parecen no poder salir ni Ainur, ni Selena, las dos protagonistas principales. Dos voces para un mismo personaje. Dos voces que se reencuentran con idéntico estigma pero con un margen de siglos. Una única persona que sufre el mismo desprecio.La historia, que es caprichosa, tiene la virtud de repetirse, y las personas, que somos crueles, de ser la mano ejecutora de dicha virtud. Porque Ainur y Selena son la misma persona pero viviendo la misma tragedia desde sus respectivos orígenes. «Antes preferiría ser la hija del Diablo» dicen Selena y Ainur con cuatro siglos de diferencia. Dos mujeres odiadas y envidiadas por la misma razón. Dos mujeres que son una.La novela esta plagada de referencias y frases que la justifican por si sola. «Cuando se tiene dinero (dice Ainur) el dinero es como un colchón de plumas. No cambia la realidad, la acolcha». (Pag. 36). Y es que el dinero «no puede borrar los recuerdos». Unos recuerdos que la arrastran desde su Barcelona adoptiva, el acoso laboral y sexual, los repetidos insultos (bruja, bruja….) hasta su Asturias natal, esa aldea mágica en la que nació y creció y fue perseguida Selena, su doble, su abuela, ella misma.El paralelismo entre Selena y Ainur no acaba aquí. En los aquelarres, la víctima era extendida desnuda sobre el ara de piedra para satisfacción de los sacerdotes, y desnuda, era poseída y torturada cruelmente. Ainur, por su parte, es acusada de haber propiciado una orgia en su oficina y de haber satisfecho los mas bajos instintos de sus compañeros, después (o antes, que mas da) de haber sufrido un intento de violación por parte de su jefe. Y digo que da igual, después o antes, porque Ainur, como Selena ya era una violada y ultrajada en vida, ya era una bruja. Ambas estaban malditas, y lo sabían.Uno de los personajes más enigmáticos de la novela, pero a la vez más entrañables, es el farero, que intenta con su luz alumbrar el camino a ambas, que a su vez también se ha visto injustamente condenado por una sociedad cruel. El farero resulta imprescindible porque como ellas, también fue quemado en la hoguera. Por eso se entienden tan bien, por eso Ainur se oculta en su regazo. Por eso.La novela avanza fragmentariamente, algo que no debe extrañar a los lectores de Eugenia Rico (resulta interesante que la propia autora se convierta en personaje colateral del libro) y lo mas importante, la historia nos envuelve como lo hicieron en su momento las novelas de las hermanas Brontë, las mágicas historias de aquellos que supieron darle cuerpo de verosimilitud y realidad a territorios mágicos como Rulfo, Faulkner o Luis Mateo Díez, y nos recuerda a poco que nos fijemos que por encima de la denuncia social imperante, por encima de aquellas falsas acusaciones que todos podemos sufrir en algún momento de nuestras vidas, se encuentra la verdad, y como no, una escritora valiente, de raza, capaz de entender la literatura como pocos autores en este país.No estoy de acuerdo con quien dice que Aunque seamos malditas es una novela oscura. Todo lo contrario. Creo que es una obra en la que impera la luz, una luz mágica que alumbra a Selena, a Ainur, al farero, a Casilda, a Consuelo, a Eugenia... Una gran novela para unos tiempos de crisis e indecisión.
Entrevista a Carlos Vitale

Entrevista a Carlos Vitale.
Si existe un género literario especialmente maltratado por la historia, sin duda alguna es el relato hiperbreve. Posiblemente decir que es un género maltratado sea excesivo. No en vano la literatura del siglo XIX y comienzos del XX nos ha deparado grandes cuentistas, maestros del relato corto. Y por encima de cualquier otro continente, el hispanoamericano se lleva la palma. ¿Habrá alguien que no haya leído los relatos hiperbreves de Arreola, Monterroso o Torri? ¿Y de Carlos Vitale? De los primeros, van a permitirme la licencia de ponerlo en duda. Del último... Para eso estamos aquí, porque incluso para mí, descubrir a Carlos Vitale y su Descortesía del suicida (1997; tercera edición ampliada: Editorial Candaya, Canet de Mar, 2008) fue tan agradable como en su día leer el relato del dinosaurio. Ahora Carlos Vitale presenta un nuevo registro, Unidad de lugar, un volumen en el que convergen cuatro libros de poesía editados con anterioridad, Códigos, Noción de realidad, Confabulaciones y Autorretratos.
Luis García.- Carlos Vitale, un nombre sin duda a tener en cuenta y a seguir en los próximos años. Y sin embargo, no es ni mucho menos un neófito en esto de la literatura. ¿Cuándo nace Carlos Vitale literariamente?
Carlos Vitale.- Gracias por tus palabras. Pero ante todo permíteme que ponga en duda tu licencia de no poner en duda el conocimiento en España de los relatos de Juan José Arreola y Julio Torri. No me parece que sus textos sean precisamente best-sellers por estos lares. Es más, por desgracia, creo que son dos autores prácticamente desconocidos por el común de los lectores. No hablo, claro, de la gente del oficio o de los amantes del relato hiperbreve. Augusto Monterroso, en cambio, está viviendo una época de gloria en cuanto a la difusión de su obra. Dicho de otra manera, está alcanzando, al fin, la difusión que su obra merece. En lo que a mí respecta, como casi todo el mundo comencé a escribir en la adolescencia, pero mi primera publicación "seria" se remonta a 1981: el libro de poemas Códigos, luego recogido en Unidad de lugar (Editorial Candaya, Canet de Mar, 2004).
L.G.- Cultivas por igual poesía y relato. ¿En donde te sientes más a gusto?
C.V.- La verdad es que me siento igual de a gusto, o a disgusto, en la poesía y en el relato. Si tengo que serte sincero, para mí Descortesía del suicida no es exactamente, o no es solamente, un libro de relatos. Más bien lo veo como una "ensaladilla rusa" o, si quieres que te lo diga de una manera más académica, una "miscelánea", en la que se mezclan los relatos propiamente dichos con otros textos: anécdotas, chistes, aforismos y poemas breves que podrían tener perfecta cabida en un libro de poesía.
L.G.- Personalmente me inclino más por el Carlos Vitale narrador, que por el poeta. ¿Cómo fue tu introducción en el relato hiperbreve?
C.V.- Sobre eso no puedo opinar. Como comprenderás, a mí me resulta demasiado arduo separar al narrador del poeta. Yo me siento, muchas veces, en una situación "fronteriza" entre los dos géneros. Para hablar de mi iniciación en el relato hiperbreve es inevitable recordar que nací en Argentina (Buenos Aires, 1953), donde hay verdaderos maestros en esta especialidad, bastará mencionar a Jorge Luis Borges, Adolfo Bioy Casares y Julio Cortázar. Por otra parte, tampoco puedo soslayar la importancia que tuvo para mí la lectura de la revista mexicana El Cuento, que dirigía el escritor Edmundo Valadés y que yo recibía regularmente en Buenos Aires, a principios de los años setenta. Precisamente en ella, hace ya más de treinta años, leí por primera vez a Augusto Monterroso. En cada número, El cuento organizaba un concurso de relato hiperbreve.
L.G.- Mantengo cierta vinculación con la asociación cultural Círculo Cultural Faroni , que entre otras actividades se dedica a pregonar y potenciar las excelencias del género hiperbreve, con Certamen Literario incluido. ¿Crees que se puede hablar de género en dicho campo? ¿Sería correcto?
C.V.- No lo sé. Yo siempre me he limitado a practicar el relato hiperbreve, nunca he teorizado sobre el tema. Ignoro si este tipo de relato puede considerarse un género en sí mismo. Por otra parte, no es una cuestión que me preocupe en exceso. No tiene demasiado interés perderse en disquisiciones bizantinas. Lo único que vale la pena es tratar de escribir lo mejor posible.
L.G.- Descortesía del suicida reúne 99 relatos escritos en diferentes años. ¿Tienen algún nexo en común?
C.V.- No. O por lo menos yo no lo veo. Aparte del hecho de haber sido escritos por la misma persona: una persona que, a lo largo de los 21 años que abarca el libro, ha pasado por distintas experiencias que, de un modo u otro, es lógico que se hayan visto reflejadas en él.
L.G.- ¿Es difícil vivir y escribir relato hiperbreve a la estela de Augusto Monterroso, Juan José Arreola o Julio Torri?
C.V.- No sé qué entiendes por "vivir y escribir relato hiperbreve". En cualquier caso, vivir ya es de por sí bastante difícil, al margen del relato hiperbreve. ¡Y vivir del relato hiperbreve ya no es que sea difícil, es que es imposible! Hablando en serio, escribir relato hiperbreve es extremadamente complicado, porque requiere un enorme poder de concentración. A diferencia de lo que ocurre con una novela o un relato más extenso, no hay sitio para los "espacios vacíos" o las "bajadas de tensión", todo debe ser significativo, como en un poema.
L.G.- Y sin embargo son cada vez más los autores que caen digamos... en sus redes, aunque bien es cierto que a menudo disfrazados de aforismos...
C.V.- Tienes toda la razón. Hay autores que parecen pensar que el aforismo tiene un "prestigio" del que carece el relato hiperbreve. Como si hiciera falta más prestigio del que le dan nombres como Borges o Monterroso. O, saliendo del mundo de habla hispánica, Robert Walser, Franz Kafka o Thomas Bernhard, de quienes hay excelentes traducciones al castellano. Y que quede claro que no tengo nada en contra del aforismo.
L.G.- ¿Cuándo sentiste la necesidad de ahondar en dicho género?
C.V.- Nunca he sentido la necesidad de ahondar o de dejar de ahondar en este género. Como te decía antes, me he limitado a practicarlo, con algunos intervalos, desde hace muchísimos años.
L.G.- Personalmente me parece uno de los más difíciles y complejos. Aunar tanta literatura en sólo unas líneas... ¿Qué método sigues, si sigue algún método?
C.V.- No, no tengo ningún método o receta para escribir. En cuanto a que es de los géneros más difíciles y complejos, sólo puedo corroborar, una vez más, tu opinión.
L.G.- Ahondando en lo anterior... ¿qué diferencias encuentras entre el aforismo y el relato hiperbreve, tan cerca, pero tan lejos?
C.V.- El relato hiperbreve cuenta siempre una historia, en poquísimas palabras. Una historia que, como en el famosísimo "dinosaurio" de Monterroso, podría ser desarrollada y alargada. Aunque muy probablemente perdería todo su encanto. El aforismo tiene más que ver con la reflexión filosófica o con la poesía. De todos modos, debo repetirte que no me considero un teórico en la materia.
L.G.- ¿Por qué los escritores sudamericanos son tan dados a dicho género? Mejor dicho, ¿a qué crees debido que estén tan dotados? ¿Y los argentinos en particular?
C.V.- El hecho de que estén tan bien dotados no es ajeno a una tradición centenaria. En América Latina, quien se acerca la literatura no puede evitar, consciente o inconscientemente, influencias tan fuertes como las de Borges o Cortázar. Mientras en España se despreciaba o subestimaba no sólo el relato hiperbreve sino el cuento en general, en Argentina se escribían textos memorables como "Borges y yo", de Borges, o "Continuidad de los parques", de Cortázar. Asimismo no es casual que Max Aub, en los años cincuenta, haya escrito y publicado en México su extraordinario Crímenes ejemplares.
L.G.- ¿No está la génesis del relato hiperbreve en la tradición oral?
C.V.- Es muy probable. De hecho, muchos de los relatos breves y brevísimos recopilados por Jean-Claude Carrière en su libro El círculo de los mentirosos pertenecen a la tradición oral de todo el mundo.
L.G.- Por último, ¿qué estás preparando en estos momentos? ¿Tendremos pronto nuevo libro de relatos hiperbreves?
C.V. Sigo en ello. De hecho, la reedición que ahora publica la Editorial Candaya consta de 99 textos, en vez de los 60 de la primera edición y de los 75 de la segunda, agotada hace varios años..
L.G.- ¿Qué es Unidad de lugar, su último libro, en esta ocasión de poemas, publicado por la Editorial Candaya?
C.V.- Unidad de lugar es un volumen en el que convergen cuatro libros editados con anterioridad (Códigos, Noción de realidad, Confabulaciones y Autorretratos). No obstante, a mi parecer, la recopilación no es el aspecto más importante, sino el hecho de intentar subrayar el deseo de escribir un solo corpus poético, siempre bajo el mismo título, que vaya creciendo en el curso del tiempo.
L.G.- Poemas cortos, casi minimalistas y en ocasiones rozando el haiku... ¿Le atrae especialmente esta disciplina?
C.V.- No es que me atraiga especialmente escribir poemas breves, como dices, casi minimalistas, es sencillamente que no sé hacer otra cosa. Mi estilo escapa de mi voluntad.
L.G.- Su poesía pena de ser demasiado conceptual, algo muy en boga actualmente.... ¿qué poetas sigue especialmente?
C.V.- Con franqueza, ignoro si mi poesía es o no demasiado conceptual, dejo el juicio en tus manos y en las de los lectores, pero de lo que sí estoy seguro es de que la poesía “conceptual” no es precisamente lo que está más en boga en este momento, en particular en España, donde, para lo bueno y para lo malo, es claramente hegemónica la “poesía de la experiencia”. Son muchos los poetas a los que leo con interés, pero si tuviera que escoger a algunos señalaría, entre los poetas españoles actuales, a Antonio Gamoneda, Félix Grande y Diego Jesús Jiménez.
L.G.- El libro está salpicado de citas de otros poetas... Pizarnik, Baudelaire, Kavafis... ¿un homenaje a sus referentes poéticos?
C.V.- La función de las citas es acompañar mis poemas con algunas palabras de poetas o escritores a los que admiro, aunque en ocasiones más que acompañarlos parece que los contradijeran. Pero ahí está la gracia.
L.G.- ¿Vivimos buenos tiempos para la lírica?
C.V.- ¿Cuándo fueron buenos tiempos para la lírica?
sábado, 8 de noviembre de 2008
Entrevista Jorge Herralde (Año 2002)
Jorge Herralde
Por
Luis García
Introducción.- Publicó Jorge Herralde, director y editor de la Editorial Anagrama, sus Opiniones
mohicanas en medio de una fuerte expectación, si tenemos en cuenta que se trataba de una compilación de artículos y reflexiones que en muchos casos habían visto la luz en diferentes medios escritos. Su experiencia personal con muchos de los autores de su Editorial (Ignacio Martínez de Pisón, Enrique Vila-Matas), sus homenajes a otros colegas y su decidida defensa de la edición independiente, hacen que sus Opiniones mohicanas sean algo mas que un libro.
Luis García.- La publicación de sus Opiniones mohicanas, supone una especie de revisión de su etapa como editor. ¿Cómo fueron los inicios de Anagrama?.
Jorge Herralde.- A la vez difíciles y muy estimulantes. Coincidimos un grupo de editores más
amigos y cómplices que competidores, luchando contra la censura, descubriendo territorios inéditos, colmando enormes lagunas culturales. Una travesía muy excitante si no te quedabas en el camino .
L.G.- Su bautismo de fuego se produjo en México, allí presento en sociedad sus Opiniones mohicanas. ¿Por qué tan lejos?.
J.H.- Dos grandes amigos mexicanos, Sergio Pitol y Juan Villoro, que conocían muchos de mis artículos me insistieron en que los reuniera para la publicación inmediata y la presentación en la Feria de Guadalajara, dedicada a España. Así que recogí buena parte de ellos, los ordené y los editó Aldus, una pequeña editorial independiente mexicana que hace unos libros muy cuidados.
L.G.- Y después, en contra de lo esperado y cuando muchos creían que se publicaría en Anagrama apareció en Ediciones El Acantilado, otra editorial independiente aunque mucho mas joven que la suya. ¿Qué le hizo decidirse por ella?.
J.H.- La edición de El Acantilado contiene algo así como un tercio de textos nuevos con respecto a la de Aldus. Entre otros, faltaban textos sobre autores tan fundamentales como Álvaro Pombo, Soledad Puértolas, Esther Tusquets, Antonio Tabucchi o Hans Magnus Enzensberger. Aunque El Acantilado es, en efecto, joven, su editor es Jaume Vallcorba, que publica desde hace años en catalán con el nombre de Quaderns Crema, editorial que había elogiado a menudo en mis textos. Entre sus autores figuran, por ejemplo, Quim Monzó y Sergi Pàmies, que luego salen en Anagrama, traducidos al castellano.
L,G.- Anagrama, y en concreto usted, siempre serán recordados, mal que les pese a algunos, como los descubridores de talentos fundamentales para entender la literatura española de los últimos veinticinco años. Pero, ¿recuerda cual fue el primer título que editó la Editorial?.
J.H.- Tenían que salir simultáneamente tres colecciones: dos en castellano, "Argumentos" y "Documentos", y una en catalán, "Textos". Por razones de censura y problemas de producción, se produjeron ciertos retrasos; el primer título publicado, en abril de 1969, fue L'ofici de viure, la traducción al catalán de los diarios de Pavese, mientras que el primer título en castellano fue Detalles, de Hans Magnus Enzensberger, en mayo del mismo año.
L.G.- ¿Qué sintió cuando lo vio en las librerías?.
J.H.- Imagino que lo que sentirá cualquier editor. emoción, asombro. Y en casa, a solas, lo miraba y remiraba, lo tocaba: en fin, fetichismo sin recato
L.G.- Hay en el catálogo de Anagrama, autores e hitos fundamentales para entender el por qué desde sus comienzos fue una Editorial seria con clara vocación de pervivencia, y con una visión casi erudita del futuro. (La apuesta por valores como Alvaro Pombo, Martínez de Pisón,... etc). ¿Hasta que punto algunos de estos escritores fueron una apuesta personal de Jorge Herralde?.
J.H.- La gran mayoría de los títulos publicados por Anagrama - excepto ensayos muy especializados (lingüística, antropología, etc.) y algunos títulos aislados - han sido apuestas personales. En cuanto a los autores españoles, sin excepción, he decidido su publicación al leerlos personalmente. En muchas ocasiones, por fortuna, ha habido autores que se han convertido en imprescindibles; en otras, la apuesta no ha dado resultados tan fructíferos. Pero pienso que el balance no está nada mal. De todas formas, adivinar que un manuscrito es valioso no es difícil para un lector avezado; algo más complicado es alentar una carrera, contribuir a difundir la obra de un escritor valioso pero en sus inicios minoritario, configurar un catálogo.
L.G. En estos tiempos de globalización, en los que parecía que las Editoriales pequeñas llevaban camino de desaparecer engullidas por los grandes grupos, es curioso ver como sobrevive Anagrama, oponiendo calidad literaria a cantidad de volúmenes editados. ¿Cree suficientemente entendida por los lectores esta estrategia?.
J.H.- Precisamente Anagrama sobrevive, en buena parte, gracias a la fidelidad de aquellos lectores que se fían de la calidad de los libros de la editorial.
L.G.- ¿No observa cierto peligro en la concentración de Editoriales?. ¿No se corre el riesgo de que se controlen las ideas?.
J.H.- En efecto, la concentración de poder es peligrosísima en todos los ámbitos, político, económico, cultural. La búsqueda del máximo beneficio conduce a productos de fácil digestión y venta rápida, a la pauperización cultural: ningún misterio
L.G.- Otro acierto de la Editorial, fueron las Bibliotecas de Autor (Vladimir Nabokov, Patiricia Higsmith...) y los Premios que llevan su nombre, uno de los mas respetados del panorama literario precisamente por su independencia. Respetado, si, pero ¿siente que está suficientemente valorado?.
J.H.- Se trata de un premio con un único objetivo, la calidad literaria, independientemente de su calidad. Y aunque se hayan premiado títulos resueltamente minoritarios, pienso que en la lista de ganadores y finalistas está representada una parte no desdeñable de la mejor literatura en lengua española de las últimas décadas. Desde Pombo y Pitol en sus inicios hasta Bolaño, Giralt Torrente, Magrinyà y Gándara en los últimos.
L.G.- Porque el mercado se llena de Premios, homenajes..., en una vorágine que parece de película de Hollywood...
J.H.- El mercado precisa de estímulos, visibilidad, packages, campañas, secuelas
L.G.- Como toda Editorial que se precie, dado su volumen y los años que arrastra, también son sonados los casos de abandonos. Se puede desertar de un proyecto sin hacer ruido o dando un portazo... ¿Cómo considera usted que sería más elegante el hacerlo?.
J.H.- Las buenas maneras son absolutamente recomendables. Pero, a veces, en las complicadas relaciones entre autor y editor a veces hay componentes vividos pasionalmente.
L.G.- Se que no le gusta hablar de ello, pero ¿siente que se equivocó en algún momento con alguno de los ex-autores de Anagrama?.
J.H.- Toda vida profesional está plagada de errores, pero no recuerdo ninguno en especial respecto a ex autores. Quizá algún error previo de incorporación a Anagrama, pero eso es fácil decirlo a toro pasado.
L.G.- Debe de ser complicada la labor de editar, y me figuro que tremendamente dolorosa la de rechazar algún manuscrito. ¿Se ha arrepentido de algún rechazo en particular?.
J.H.- Rechazar un manuscrito de un amigo es muy doloroso y aún más si antes se le ha publicado algún título. Pero creo que, errores aparte, la primera fidelidad del editor es con la calidad literaria. Y con los seguidores del catálogo
L.G.- ¿Es difícil descubrir un talento literario?. Porque es conocido su instinto editorial a la hora de descubrir nuevos valores...
J.H.- Pienso que "descubrirlo" es fácil. Más difícil es instigarlos a que envíen sus manuscritos a la editorial. Y eso se consigue con un catálogo que enciende el deseo de los autores: "quiero estar en este catálogo, al lado de estos autores que tanto admiro".
L.G.- ¿Y mantenerlo fiel a la Editorial?.
J.H.- En estos tiempos del Mercado con mayúsculas, las fidelidades sólo pueden ser relativas. Hay megagrupos que ofrecen anticipos que ni remotamente se cubrirán, a fin de ganar prestigio, debilitar a otras editoriales, etc. Sería insensato pensar que un autor sea insensible a ciertas tentaciones desaforadas.
L.G.- Volvamos a Opiniones mohicanas. En el libro repasa su vida (literaria), homenajea a sus amigos y nos recuerda (me recuerda) que sus inicios como editor fueron similares a los míos como lector. ¿Se le puede pedir algo mas a un libro?.
J.H.- Uno de los propósitos básicos del libro son los mismos que tenía antes como simple lector: contagiar entusiasmos por mis autores preferidos, convencer a mis amigos que leyeran sus libros.
L.G.- ¿A que autor te hubiera gustado editar?.
J.H.- Por ejemplo, Borges, Mendoza, Marsé y tantos otros. Sin embargo, con los muchos autores extraordinarios que han querido publicar en Anagrama me siento razonablemente satisfecho.
L.G.- ¿Y a cual nunca editaría por mucho fenómeno social que significase?.
J.H.- Muchísimos más.
L.G.- ¿Cómo son las relaciones con sus colegas editores?.
J.H.- En general buenas y en muchos casos excelentes, francamente amistosas
L.G.- ¿Qué pesa más a la hora de editar a un desconocido?. La intuición, los informes de algún experto...
J.H.- Si se trata de literatura extranjera, hay información previa, los autores ya han pasado como mínimo un "descremado". En el caso de autores españoles, el primer "descremado" lo efectúan, claro está, los lectores editoriales.
L.G.- ¿Qué libro o autor le hubiera gustado descubrir y publicar?.
J.H.- Tiempo de silencio de Luis Martín Santos o La verdad sobre el caso Savolta de Eduardo Mendoza.
J.L.- ¿Saldrá adelante la idea del precio fijo de los libros?. Porque lamentablemente cada vez hay mas escritores e intelectuales que lo defienden...
J.H.- Confío en que se mantenga el precio fijo de los libros. Las experiencias de precio libre en otros países han desembocado, inevitablemente, en un encarecimiento general de los libros (excepto algunos bestsellers que no lo necesitaban), al cierre de librerías y al aumento de dificultades de los editores independientes: en resumen, un desastre cultural.
L.G.- Y por último, ¿qué sorpresas literarias nos depara Anagrama para este milenio?
J.H.- Intentaremos seguir descubriendo a excelentes autores y publicarlos de la forma más cuidada posible. Quizá esto no represente una sorpresa estrepitosa, así como programa, pero la sorpresa confío en que nos la deparen los autores que publiquemos. Por poner ejemplos próximos: la última novela de Paul Auster, aún inédita, The Book of Illusions, los dos libros de relatos póstumos de Patricia Highsmith, Austerlitz de W.G. Sebald o Historias y poemas para niños extremadamente inteligentes, una espléndida antología compilada por Harold Bloom.
Por
Luis García
Introducción.- Publicó Jorge Herralde, director y editor de la Editorial Anagrama, sus Opiniones
mohicanas en medio de una fuerte expectación, si tenemos en cuenta que se trataba de una compilación de artículos y reflexiones que en muchos casos habían visto la luz en diferentes medios escritos. Su experiencia personal con muchos de los autores de su Editorial (Ignacio Martínez de Pisón, Enrique Vila-Matas), sus homenajes a otros colegas y su decidida defensa de la edición independiente, hacen que sus Opiniones mohicanas sean algo mas que un libro.
Luis García.- La publicación de sus Opiniones mohicanas, supone una especie de revisión de su etapa como editor. ¿Cómo fueron los inicios de Anagrama?.
Jorge Herralde.- A la vez difíciles y muy estimulantes. Coincidimos un grupo de editores más
amigos y cómplices que competidores, luchando contra la censura, descubriendo territorios inéditos, colmando enormes lagunas culturales. Una travesía muy excitante si no te quedabas en el camino .
L.G.- Su bautismo de fuego se produjo en México, allí presento en sociedad sus Opiniones mohicanas. ¿Por qué tan lejos?.
J.H.- Dos grandes amigos mexicanos, Sergio Pitol y Juan Villoro, que conocían muchos de mis artículos me insistieron en que los reuniera para la publicación inmediata y la presentación en la Feria de Guadalajara, dedicada a España. Así que recogí buena parte de ellos, los ordené y los editó Aldus, una pequeña editorial independiente mexicana que hace unos libros muy cuidados.
L.G.- Y después, en contra de lo esperado y cuando muchos creían que se publicaría en Anagrama apareció en Ediciones El Acantilado, otra editorial independiente aunque mucho mas joven que la suya. ¿Qué le hizo decidirse por ella?.
J.H.- La edición de El Acantilado contiene algo así como un tercio de textos nuevos con respecto a la de Aldus. Entre otros, faltaban textos sobre autores tan fundamentales como Álvaro Pombo, Soledad Puértolas, Esther Tusquets, Antonio Tabucchi o Hans Magnus Enzensberger. Aunque El Acantilado es, en efecto, joven, su editor es Jaume Vallcorba, que publica desde hace años en catalán con el nombre de Quaderns Crema, editorial que había elogiado a menudo en mis textos. Entre sus autores figuran, por ejemplo, Quim Monzó y Sergi Pàmies, que luego salen en Anagrama, traducidos al castellano.
L,G.- Anagrama, y en concreto usted, siempre serán recordados, mal que les pese a algunos, como los descubridores de talentos fundamentales para entender la literatura española de los últimos veinticinco años. Pero, ¿recuerda cual fue el primer título que editó la Editorial?.
J.H.- Tenían que salir simultáneamente tres colecciones: dos en castellano, "Argumentos" y "Documentos", y una en catalán, "Textos". Por razones de censura y problemas de producción, se produjeron ciertos retrasos; el primer título publicado, en abril de 1969, fue L'ofici de viure, la traducción al catalán de los diarios de Pavese, mientras que el primer título en castellano fue Detalles, de Hans Magnus Enzensberger, en mayo del mismo año.
L.G.- ¿Qué sintió cuando lo vio en las librerías?.
J.H.- Imagino que lo que sentirá cualquier editor. emoción, asombro. Y en casa, a solas, lo miraba y remiraba, lo tocaba: en fin, fetichismo sin recato
L.G.- Hay en el catálogo de Anagrama, autores e hitos fundamentales para entender el por qué desde sus comienzos fue una Editorial seria con clara vocación de pervivencia, y con una visión casi erudita del futuro. (La apuesta por valores como Alvaro Pombo, Martínez de Pisón,... etc). ¿Hasta que punto algunos de estos escritores fueron una apuesta personal de Jorge Herralde?.
J.H.- La gran mayoría de los títulos publicados por Anagrama - excepto ensayos muy especializados (lingüística, antropología, etc.) y algunos títulos aislados - han sido apuestas personales. En cuanto a los autores españoles, sin excepción, he decidido su publicación al leerlos personalmente. En muchas ocasiones, por fortuna, ha habido autores que se han convertido en imprescindibles; en otras, la apuesta no ha dado resultados tan fructíferos. Pero pienso que el balance no está nada mal. De todas formas, adivinar que un manuscrito es valioso no es difícil para un lector avezado; algo más complicado es alentar una carrera, contribuir a difundir la obra de un escritor valioso pero en sus inicios minoritario, configurar un catálogo.
L.G. En estos tiempos de globalización, en los que parecía que las Editoriales pequeñas llevaban camino de desaparecer engullidas por los grandes grupos, es curioso ver como sobrevive Anagrama, oponiendo calidad literaria a cantidad de volúmenes editados. ¿Cree suficientemente entendida por los lectores esta estrategia?.
J.H.- Precisamente Anagrama sobrevive, en buena parte, gracias a la fidelidad de aquellos lectores que se fían de la calidad de los libros de la editorial.
L.G.- ¿No observa cierto peligro en la concentración de Editoriales?. ¿No se corre el riesgo de que se controlen las ideas?.
J.H.- En efecto, la concentración de poder es peligrosísima en todos los ámbitos, político, económico, cultural. La búsqueda del máximo beneficio conduce a productos de fácil digestión y venta rápida, a la pauperización cultural: ningún misterio
L.G.- Otro acierto de la Editorial, fueron las Bibliotecas de Autor (Vladimir Nabokov, Patiricia Higsmith...) y los Premios que llevan su nombre, uno de los mas respetados del panorama literario precisamente por su independencia. Respetado, si, pero ¿siente que está suficientemente valorado?.
J.H.- Se trata de un premio con un único objetivo, la calidad literaria, independientemente de su calidad. Y aunque se hayan premiado títulos resueltamente minoritarios, pienso que en la lista de ganadores y finalistas está representada una parte no desdeñable de la mejor literatura en lengua española de las últimas décadas. Desde Pombo y Pitol en sus inicios hasta Bolaño, Giralt Torrente, Magrinyà y Gándara en los últimos.
L.G.- Porque el mercado se llena de Premios, homenajes..., en una vorágine que parece de película de Hollywood...
J.H.- El mercado precisa de estímulos, visibilidad, packages, campañas, secuelas
L.G.- Como toda Editorial que se precie, dado su volumen y los años que arrastra, también son sonados los casos de abandonos. Se puede desertar de un proyecto sin hacer ruido o dando un portazo... ¿Cómo considera usted que sería más elegante el hacerlo?.
J.H.- Las buenas maneras son absolutamente recomendables. Pero, a veces, en las complicadas relaciones entre autor y editor a veces hay componentes vividos pasionalmente.
L.G.- Se que no le gusta hablar de ello, pero ¿siente que se equivocó en algún momento con alguno de los ex-autores de Anagrama?.
J.H.- Toda vida profesional está plagada de errores, pero no recuerdo ninguno en especial respecto a ex autores. Quizá algún error previo de incorporación a Anagrama, pero eso es fácil decirlo a toro pasado.
L.G.- Debe de ser complicada la labor de editar, y me figuro que tremendamente dolorosa la de rechazar algún manuscrito. ¿Se ha arrepentido de algún rechazo en particular?.
J.H.- Rechazar un manuscrito de un amigo es muy doloroso y aún más si antes se le ha publicado algún título. Pero creo que, errores aparte, la primera fidelidad del editor es con la calidad literaria. Y con los seguidores del catálogo
L.G.- ¿Es difícil descubrir un talento literario?. Porque es conocido su instinto editorial a la hora de descubrir nuevos valores...
J.H.- Pienso que "descubrirlo" es fácil. Más difícil es instigarlos a que envíen sus manuscritos a la editorial. Y eso se consigue con un catálogo que enciende el deseo de los autores: "quiero estar en este catálogo, al lado de estos autores que tanto admiro".
L.G.- ¿Y mantenerlo fiel a la Editorial?.
J.H.- En estos tiempos del Mercado con mayúsculas, las fidelidades sólo pueden ser relativas. Hay megagrupos que ofrecen anticipos que ni remotamente se cubrirán, a fin de ganar prestigio, debilitar a otras editoriales, etc. Sería insensato pensar que un autor sea insensible a ciertas tentaciones desaforadas.
L.G.- Volvamos a Opiniones mohicanas. En el libro repasa su vida (literaria), homenajea a sus amigos y nos recuerda (me recuerda) que sus inicios como editor fueron similares a los míos como lector. ¿Se le puede pedir algo mas a un libro?.
J.H.- Uno de los propósitos básicos del libro son los mismos que tenía antes como simple lector: contagiar entusiasmos por mis autores preferidos, convencer a mis amigos que leyeran sus libros.
L.G.- ¿A que autor te hubiera gustado editar?.
J.H.- Por ejemplo, Borges, Mendoza, Marsé y tantos otros. Sin embargo, con los muchos autores extraordinarios que han querido publicar en Anagrama me siento razonablemente satisfecho.
L.G.- ¿Y a cual nunca editaría por mucho fenómeno social que significase?.
J.H.- Muchísimos más.
L.G.- ¿Cómo son las relaciones con sus colegas editores?.
J.H.- En general buenas y en muchos casos excelentes, francamente amistosas
L.G.- ¿Qué pesa más a la hora de editar a un desconocido?. La intuición, los informes de algún experto...
J.H.- Si se trata de literatura extranjera, hay información previa, los autores ya han pasado como mínimo un "descremado". En el caso de autores españoles, el primer "descremado" lo efectúan, claro está, los lectores editoriales.
L.G.- ¿Qué libro o autor le hubiera gustado descubrir y publicar?.
J.H.- Tiempo de silencio de Luis Martín Santos o La verdad sobre el caso Savolta de Eduardo Mendoza.
J.L.- ¿Saldrá adelante la idea del precio fijo de los libros?. Porque lamentablemente cada vez hay mas escritores e intelectuales que lo defienden...
J.H.- Confío en que se mantenga el precio fijo de los libros. Las experiencias de precio libre en otros países han desembocado, inevitablemente, en un encarecimiento general de los libros (excepto algunos bestsellers que no lo necesitaban), al cierre de librerías y al aumento de dificultades de los editores independientes: en resumen, un desastre cultural.
L.G.- Y por último, ¿qué sorpresas literarias nos depara Anagrama para este milenio?
J.H.- Intentaremos seguir descubriendo a excelentes autores y publicarlos de la forma más cuidada posible. Quizá esto no represente una sorpresa estrepitosa, así como programa, pero la sorpresa confío en que nos la deparen los autores que publiquemos. Por poner ejemplos próximos: la última novela de Paul Auster, aún inédita, The Book of Illusions, los dos libros de relatos póstumos de Patricia Highsmith, Austerlitz de W.G. Sebald o Historias y poemas para niños extremadamente inteligentes, una espléndida antología compilada por Harold Bloom.
martes, 4 de noviembre de 2008
Un asesinato piadoso

Un asesinato piadoso
Autor.- J. M Guelbenzu
Edita.- Alfaguara - 2008
“Quien una vez abre los ojos,
nunca vuelve a dormir tranquilo”
© Luis García
Dos vertientes narrativas viene trabajando José María Guelbenzu con cierta asiduidad: De un lado, novelas como Un peso en el mundo, un auténtico tratado literario por cuanto significó en su carrera un punto de inflexión en una manera de ver y entender la literatura. De otro, obras aparentemente menores pero de igual densidad sicológica que la anterior como No acosen al asesino, La muerte viene de lejos, El cadáver arrepentido o la reciente Un asesinato piadoso, que encuadradas erróneamente en el genero negro vienen a demostrar la ineficacia de los mismos a la hora de enjuiciar una novela. Y digo que están encuadradas erróneamente en el género negro ya que creo llegado el momento de diferenciar novelas clásicas del mismo (Hammett, Chandler, etc) con estas otras más cercanas a la literatura de suspense o policiaca como el propio autor reconoce. Y es que no por tener un muerto, un investigador y un asesino, debemos hablar de novela negra. Centrándonos en la obra, ya tenemos de nuevo a la Juez Mariana De Marco, la protagonista de las novelas anteriormente citadas, destinada en esta ocasión en una reconocible ciudad del Norte de España, G..., y de nuevo nos vamos a encontrar con su intuición e ímpetu observador a la hora de investigar un asesinato aparentemente “domestico”. Creo necesario hacer una observación antes de nada. Aunque Un asesinato piadoso pueda leerse de una forma independiente, pierde fuerza su interpretación si no se han leído las obras anteriores (de hecho los guiños a éstas son constantes), ya que la trasformación sufrida por su protagonista, su ambición profesional y su madurez, no sería entendible de otra forma. La trama de Un asesinato piadoso es sencilla: un hombre aparece degollado en una endogámica ciudad del norte de España y el crimen parece cometido por su suegro en un malentendido intento por hacer justicia ante los supuestos malos tratos del fallecido con su esposa. Un asesinato piadoso, sin duda: venganza o justicia. Pero estamos en la ciudad de Gijón, por mucho que el autor pretenda disimularlo, una ciudad costera en la que todos se conocen y ningún crimen pude pasar desapercibido, mucho menos el de el miembro de una destacada familia local, y fiel reflejo de esa España profunda que no tiene por qué ubicarse necesariamente en el interior. La novela avanza y se enreda como un rompecabezas, como uno de esos acertijos de nuestra infancia en los que nada parece lo que es, y en donde todos, abuelos, viuda, suegra, parecen tener un motivo para romper la relación de Cristóbal, el asesinado, con su esposa, la desconsolada viuda que “decide suicidarse” en un momento dado para aliviar la carga de su padre y asesino. Y todo salpicado con muestras de afecto de la propia juez hacia la niña huérfana, la hija de Covadonga, con su devenir constante por una ciudad desconocida, y por los devaneos amorosos que mantiene con un ignoto personaje totalmente secundario en la novela. Incluso el propio Guelbenzu se permite el irónico desliz de auto-homenajearse por boca de la protagonista Mariana De Marco cuando ésta compra un ejemplar de Cuento de Viejas, de Arnold Bennett, (pag. 218) siguiendo los consejos literarios de un “autor contemporáneo” tan recalcitrante lector de la novela del siglo XIX como ella. Pero el terrible descubrimiento de la verdad llevará a la Juez Mariana De Marco al convencimiento de que la Justicia también oculta entre sus fauces una siniestra cara, y la hará dudar incluso de la eficacia de la misma a la hora de impartirla, porque “el hecho monstruoso es que de hacerlo con ecuanimidad estaría contribuyendo a condenar a una inocente”. Una ocasión más para ver crecer “narrativamente” a la protagonista en esta cuarta entrega de la saga, que es tanto como ver crecer a su autor. ¿Irá la vencida a la quinta entrega y otorgará a la Juez Mariana De Marco el poder que sin duda busca, quizás en la Audiencia Nacional?. ¿O volverá Guelbenzu por los fueros de Un peso en el mundo con esa novela de amor con la que lleva atascado varios años?. Estaremos atentos.
Autor.- J. M Guelbenzu
Edita.- Alfaguara - 2008
“Quien una vez abre los ojos,
nunca vuelve a dormir tranquilo”
© Luis García
Dos vertientes narrativas viene trabajando José María Guelbenzu con cierta asiduidad: De un lado, novelas como Un peso en el mundo, un auténtico tratado literario por cuanto significó en su carrera un punto de inflexión en una manera de ver y entender la literatura. De otro, obras aparentemente menores pero de igual densidad sicológica que la anterior como No acosen al asesino, La muerte viene de lejos, El cadáver arrepentido o la reciente Un asesinato piadoso, que encuadradas erróneamente en el genero negro vienen a demostrar la ineficacia de los mismos a la hora de enjuiciar una novela. Y digo que están encuadradas erróneamente en el género negro ya que creo llegado el momento de diferenciar novelas clásicas del mismo (Hammett, Chandler, etc) con estas otras más cercanas a la literatura de suspense o policiaca como el propio autor reconoce. Y es que no por tener un muerto, un investigador y un asesino, debemos hablar de novela negra. Centrándonos en la obra, ya tenemos de nuevo a la Juez Mariana De Marco, la protagonista de las novelas anteriormente citadas, destinada en esta ocasión en una reconocible ciudad del Norte de España, G..., y de nuevo nos vamos a encontrar con su intuición e ímpetu observador a la hora de investigar un asesinato aparentemente “domestico”. Creo necesario hacer una observación antes de nada. Aunque Un asesinato piadoso pueda leerse de una forma independiente, pierde fuerza su interpretación si no se han leído las obras anteriores (de hecho los guiños a éstas son constantes), ya que la trasformación sufrida por su protagonista, su ambición profesional y su madurez, no sería entendible de otra forma. La trama de Un asesinato piadoso es sencilla: un hombre aparece degollado en una endogámica ciudad del norte de España y el crimen parece cometido por su suegro en un malentendido intento por hacer justicia ante los supuestos malos tratos del fallecido con su esposa. Un asesinato piadoso, sin duda: venganza o justicia. Pero estamos en la ciudad de Gijón, por mucho que el autor pretenda disimularlo, una ciudad costera en la que todos se conocen y ningún crimen pude pasar desapercibido, mucho menos el de el miembro de una destacada familia local, y fiel reflejo de esa España profunda que no tiene por qué ubicarse necesariamente en el interior. La novela avanza y se enreda como un rompecabezas, como uno de esos acertijos de nuestra infancia en los que nada parece lo que es, y en donde todos, abuelos, viuda, suegra, parecen tener un motivo para romper la relación de Cristóbal, el asesinado, con su esposa, la desconsolada viuda que “decide suicidarse” en un momento dado para aliviar la carga de su padre y asesino. Y todo salpicado con muestras de afecto de la propia juez hacia la niña huérfana, la hija de Covadonga, con su devenir constante por una ciudad desconocida, y por los devaneos amorosos que mantiene con un ignoto personaje totalmente secundario en la novela. Incluso el propio Guelbenzu se permite el irónico desliz de auto-homenajearse por boca de la protagonista Mariana De Marco cuando ésta compra un ejemplar de Cuento de Viejas, de Arnold Bennett, (pag. 218) siguiendo los consejos literarios de un “autor contemporáneo” tan recalcitrante lector de la novela del siglo XIX como ella. Pero el terrible descubrimiento de la verdad llevará a la Juez Mariana De Marco al convencimiento de que la Justicia también oculta entre sus fauces una siniestra cara, y la hará dudar incluso de la eficacia de la misma a la hora de impartirla, porque “el hecho monstruoso es que de hacerlo con ecuanimidad estaría contribuyendo a condenar a una inocente”. Una ocasión más para ver crecer “narrativamente” a la protagonista en esta cuarta entrega de la saga, que es tanto como ver crecer a su autor. ¿Irá la vencida a la quinta entrega y otorgará a la Juez Mariana De Marco el poder que sin duda busca, quizás en la Audiencia Nacional?. ¿O volverá Guelbenzu por los fueros de Un peso en el mundo con esa novela de amor con la que lleva atascado varios años?. Estaremos atentos.
Wicked

Gregory Maguirre
Wicked
Planeta – 2007
Aventuras y desventuras
de una bruja mala
Frex y Melena, van a tener una hija. Hasta aquí, todo normal. La anormalidad, la rareza (y quedémonos con el concepto de que raro es lo que es diferente), estriba en que esa niña no será como las demás nacidas en Munchkinland, que es donde se desarrolla en un principio Wicked, esta primera novela del autor norteamericano Gregory Maguirre. Cuando la comitiva de unos titiriteros comandados por El Reloj del Dragón del Tiempo se acercan a la ciudad, sus habitantes en un ataque de furia se vuelven como locos contra su Pastor unionista, Frex, quien había sido advertido de las nada pacificas intenciones de quien los dirigía, y desobedeciendo sus palabras se disponen a ser inconscientes actores de una obra de teatro no escrita para hacer realidad una vieja leyenda: es el día señalado. Mientras tanto, Melena, custodiada por una vieja, una pescadora y una doncella dará a luz a su hija en el bosque. Una “hermosa” niña de nombre Elphaba, de color verde y dientes de tiburón. Este es el escenario de la novela, también subtitulada Memorias de una bruja mala. Este es el punto de partida de una obra que en los Estados Unidos causa furor desde su primera publicación en 1995 hasta el punto que ya existe su versión musical y ésta es pues la exposición de los hechos, tal y como se nos presentan. Faltaría ahora un análisis de esa otra imagen que a la manera platónica es fácil reconocer al otro lado del espejo a poco que se tenga la mente abierta y dispuesta a reconducir toda la información. Porque ¿qué hay mas allá de los limites de Gillikin, Muchking, Wend Hardings y Quadings, los cuatro condados en los que esta dividido el país de Oz?. (Ya lo han descubierto, estamos situados en el mismo Oz del cuento original de L.F. Baum, mucho antes de la llegada de Dorotea, de Víctor Fleming e incluso del propio Mago). ¿Qué hay mas allá, repito, de dichas fronteras?. La nada, lo mismo que nosotros fuera de nuestra región, ciudad, o barriada. A su manera Oz es una recreación virtual con un sistema económico, político, jurídico y religioso independiente. Y en ese contexto, la llegada de “alguien” diferente como Elphaba, o posteriormente su hermana, Nessarose, también demonizada por su extraña invalidez que no voy a desvelar, causa un profundo trastorno a todos sus habitantes. Un trastorno perverso sólo entendible desde el paralelismo que podemos (y debemos) hacer con nuestra propia realidad, ya que Elphaba de alguna forma será la encargada de dinamizar y dinamitar todo un sistema social en el que tan sólo sobreviven los fuertes. (¿Cuándo una bruja se convierte en mala salvo que lo sea por definición?). Desde ese punto de vista Wicked es una acida crítica a los regimenes fascistas y al capitalismo mas ortodoxo, aquel que no admite entre los suyos a los raros (raro es diferente, acuérdense) y los excluye sin piedad. Porque raros son los Elphabas de turno, pero también los nacidos en las tierras de los Quadings, por ejemplo, rechazados y humillados a partes iguales. Hay un momento en la lectura de la novela en que la repulsión inicial que se le tiene a Elphaba se convierte lentamente en una mezcla de compasión y cariño. Eso nos llevaría a pensar que el autor, Gregory Maguirre, consigue otro de los objetivos de la novela: la critica a los prejuicios de una sociedad hipócrita y desordenada, que cree ver y admitir la maldad en estado puro donde no se encuentra. Y si algo hay que decir en contra de la novela, aparte del maniqueísmo que hace que la comparemos por ejemplo con sus primos lejanas, El señor de los anillos y Harry Potter. es que a menudo la información que se nos facilita, resulta un tanto.... atropellada y pueril. Pero es en definitiva, una interesante novela que admitiría y necesitaría varias lecturas.
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