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domingo, 22 de marzo de 2009

Entrevista a Carlos Vitale


Entrevista a Carlos Vitale.

Si existe un género literario especialmente maltratado por la historia, sin duda alguna es el relato hiperbreve. Posiblemente decir que es un género maltratado sea excesivo. No en vano la literatura del siglo XIX y comienzos del XX nos ha deparado grandes cuentistas, maestros del relato corto. Y por encima de cualquier otro continente, el hispanoamericano se lleva la palma. ¿Habrá alguien que no haya leído los relatos hiperbreves de Arreola, Monterroso o Torri? ¿Y de Carlos Vitale? De los primeros, van a permitirme la licencia de ponerlo en duda. Del último... Para eso estamos aquí, porque incluso para mí, descubrir a Carlos Vitale y su Descortesía del suicida (1997; tercera edición ampliada: Editorial Candaya, Canet de Mar, 2008) fue tan agradable como en su día leer el relato del dinosaurio. Ahora Carlos Vitale presenta un nuevo registro, Unidad de lugar, un volumen en el que convergen cuatro libros de poesía editados con anterioridad, Códigos, Noción de realidad, Confabulaciones y Autorretratos.

Luis García.- Carlos Vitale, un nombre sin duda a tener en cuenta y a seguir en los próximos años. Y sin embargo, no es ni mucho menos un neófito en esto de la literatura. ¿Cuándo nace Carlos Vitale literariamente?

Carlos Vitale.- Gracias por tus palabras. Pero ante todo permíteme que ponga en duda tu licencia de no poner en duda el conocimiento en España de los relatos de Juan José Arreola y Julio Torri. No me parece que sus textos sean precisamente best-sellers por estos lares. Es más, por desgracia, creo que son dos autores prácticamente desconocidos por el común de los lectores. No hablo, claro, de la gente del oficio o de los amantes del relato hiperbreve. Augusto Monterroso, en cambio, está viviendo una época de gloria en cuanto a la difusión de su obra. Dicho de otra manera, está alcanzando, al fin, la difusión que su obra merece. En lo que a mí respecta, como casi todo el mundo comencé a escribir en la adolescencia, pero mi primera publicación "seria" se remonta a 1981: el libro de poemas Códigos, luego recogido en Unidad de lugar (Editorial Candaya, Canet de Mar, 2004).

L.G.- Cultivas por igual poesía y relato. ¿En donde te sientes más a gusto?

C.V.- La verdad es que me siento igual de a gusto, o a disgusto, en la poesía y en el relato. Si tengo que serte sincero, para mí Descortesía del suicida no es exactamente, o no es solamente, un libro de relatos. Más bien lo veo como una "ensaladilla rusa" o, si quieres que te lo diga de una manera más académica, una "miscelánea", en la que se mezclan los relatos propiamente dichos con otros textos: anécdotas, chistes, aforismos y poemas breves que podrían tener perfecta cabida en un libro de poesía.

L.G.- Personalmente me inclino más por el Carlos Vitale narrador, que por el poeta. ¿Cómo fue tu introducción en el relato hiperbreve?

C.V.- Sobre eso no puedo opinar. Como comprenderás, a mí me resulta demasiado arduo separar al narrador del poeta. Yo me siento, muchas veces, en una situación "fronteriza" entre los dos géneros. Para hablar de mi iniciación en el relato hiperbreve es inevitable recordar que nací en Argentina (Buenos Aires, 1953), donde hay verdaderos maestros en esta especialidad, bastará mencionar a Jorge Luis Borges, Adolfo Bioy Casares y Julio Cortázar. Por otra parte, tampoco puedo soslayar la importancia que tuvo para mí la lectura de la revista mexicana El Cuento, que dirigía el escritor Edmundo Valadés y que yo recibía regularmente en Buenos Aires, a principios de los años setenta. Precisamente en ella, hace ya más de treinta años, leí por primera vez a Augusto Monterroso. En cada número, El cuento organizaba un concurso de relato hiperbreve.

L.G.- Mantengo cierta vinculación con la asociación cultural Círculo Cultural Faroni , que entre otras actividades se dedica a pregonar y potenciar las excelencias del género hiperbreve, con Certamen Literario incluido. ¿Crees que se puede hablar de género en dicho campo? ¿Sería correcto?

C.V.- No lo sé. Yo siempre me he limitado a practicar el relato hiperbreve, nunca he teorizado sobre el tema. Ignoro si este tipo de relato puede considerarse un género en sí mismo. Por otra parte, no es una cuestión que me preocupe en exceso. No tiene demasiado interés perderse en disquisiciones bizantinas. Lo único que vale la pena es tratar de escribir lo mejor posible.

L.G.- Descortesía del suicida reúne 99 relatos escritos en diferentes años. ¿Tienen algún nexo en común?

C.V.- No. O por lo menos yo no lo veo. Aparte del hecho de haber sido escritos por la misma persona: una persona que, a lo largo de los 21 años que abarca el libro, ha pasado por distintas experiencias que, de un modo u otro, es lógico que se hayan visto reflejadas en él.

L.G.- ¿Es difícil vivir y escribir relato hiperbreve a la estela de Augusto Monterroso, Juan José Arreola o Julio Torri?

C.V.- No sé qué entiendes por "vivir y escribir relato hiperbreve". En cualquier caso, vivir ya es de por sí bastante difícil, al margen del relato hiperbreve. ¡Y vivir del relato hiperbreve ya no es que sea difícil, es que es imposible! Hablando en serio, escribir relato hiperbreve es extremadamente complicado, porque requiere un enorme poder de concentración. A diferencia de lo que ocurre con una novela o un relato más extenso, no hay sitio para los "espacios vacíos" o las "bajadas de tensión", todo debe ser significativo, como en un poema.

L.G.- Y sin embargo son cada vez más los autores que caen digamos... en sus redes, aunque bien es cierto que a menudo disfrazados de aforismos...

C.V.- Tienes toda la razón. Hay autores que parecen pensar que el aforismo tiene un "prestigio" del que carece el relato hiperbreve. Como si hiciera falta más prestigio del que le dan nombres como Borges o Monterroso. O, saliendo del mundo de habla hispánica, Robert Walser, Franz Kafka o Thomas Bernhard, de quienes hay excelentes traducciones al castellano. Y que quede claro que no tengo nada en contra del aforismo.

L.G.- ¿Cuándo sentiste la necesidad de ahondar en dicho género?

C.V.- Nunca he sentido la necesidad de ahondar o de dejar de ahondar en este género. Como te decía antes, me he limitado a practicarlo, con algunos intervalos, desde hace muchísimos años.

L.G.- Personalmente me parece uno de los más difíciles y complejos. Aunar tanta literatura en sólo unas líneas... ¿Qué método sigues, si sigue algún método?

C.V.- No, no tengo ningún método o receta para escribir. En cuanto a que es de los géneros más difíciles y complejos, sólo puedo corroborar, una vez más, tu opinión.

L.G.- Ahondando en lo anterior... ¿qué diferencias encuentras entre el aforismo y el relato hiperbreve, tan cerca, pero tan lejos?

C.V.- El relato hiperbreve cuenta siempre una historia, en poquísimas palabras. Una historia que, como en el famosísimo "dinosaurio" de Monterroso, podría ser desarrollada y alargada. Aunque muy probablemente perdería todo su encanto. El aforismo tiene más que ver con la reflexión filosófica o con la poesía. De todos modos, debo repetirte que no me considero un teórico en la materia.

L.G.- ¿Por qué los escritores sudamericanos son tan dados a dicho género? Mejor dicho, ¿a qué crees debido que estén tan dotados? ¿Y los argentinos en particular?

C.V.- El hecho de que estén tan bien dotados no es ajeno a una tradición centenaria. En América Latina, quien se acerca la literatura no puede evitar, consciente o inconscientemente, influencias tan fuertes como las de Borges o Cortázar. Mientras en España se despreciaba o subestimaba no sólo el relato hiperbreve sino el cuento en general, en Argentina se escribían textos memorables como "Borges y yo", de Borges, o "Continuidad de los parques", de Cortázar. Asimismo no es casual que Max Aub, en los años cincuenta, haya escrito y publicado en México su extraordinario Crímenes ejemplares.

L.G.- ¿No está la génesis del relato hiperbreve en la tradición oral?

C.V.- Es muy probable. De hecho, muchos de los relatos breves y brevísimos recopilados por Jean-Claude Carrière en su libro El círculo de los mentirosos pertenecen a la tradición oral de todo el mundo.

L.G.- Por último, ¿qué estás preparando en estos momentos? ¿Tendremos pronto nuevo libro de relatos hiperbreves?

C.V. Sigo en ello. De hecho, la reedición que ahora publica la Editorial Candaya consta de 99 textos, en vez de los 60 de la primera edición y de los 75 de la segunda, agotada hace varios años..

L.G.- ¿Qué es Unidad de lugar, su último libro, en esta ocasión de poemas, publicado por la Editorial Candaya?

C.V.- Unidad de lugar es un volumen en el que convergen cuatro libros editados con anterioridad (Códigos, Noción de realidad, Confabulaciones y Autorretratos). No obstante, a mi parecer, la recopilación no es el aspecto más importante, sino el hecho de intentar subrayar el deseo de escribir un solo corpus poético, siempre bajo el mismo título, que vaya creciendo en el curso del tiempo.

L.G.- Poemas cortos, casi minimalistas y en ocasiones rozando el haiku... ¿Le atrae especialmente esta disciplina?

C.V.- No es que me atraiga especialmente escribir poemas breves, como dices, casi minimalistas, es sencillamente que no sé hacer otra cosa. Mi estilo escapa de mi voluntad.

L.G.- Su poesía pena de ser demasiado conceptual, algo muy en boga actualmente.... ¿qué poetas sigue especialmente?

C.V.- Con franqueza, ignoro si mi poesía es o no demasiado conceptual, dejo el juicio en tus manos y en las de los lectores, pero de lo que sí estoy seguro es de que la poesía “conceptual” no es precisamente lo que está más en boga en este momento, en particular en España, donde, para lo bueno y para lo malo, es claramente hegemónica la “poesía de la experiencia”. Son muchos los poetas a los que leo con interés, pero si tuviera que escoger a algunos señalaría, entre los poetas españoles actuales, a Antonio Gamoneda, Félix Grande y Diego Jesús Jiménez.

L.G.- El libro está salpicado de citas de otros poetas... Pizarnik, Baudelaire, Kavafis... ¿un homenaje a sus referentes poéticos?

C.V.- La función de las citas es acompañar mis poemas con algunas palabras de poetas o escritores a los que admiro, aunque en ocasiones más que acompañarlos parece que los contradijeran. Pero ahí está la gracia.

L.G.- ¿Vivimos buenos tiempos para la lírica?
C.V.- ¿Cuándo fueron buenos tiempos para la lírica?

sábado, 8 de noviembre de 2008

Entrevista Jorge Herralde (Año 2002)

Jorge Herralde

Por

Luis García



Introducción.- Publicó Jorge Herralde, director y editor de la Editorial Anagrama, sus Opiniones
mohicanas en medio de una fuerte expectación, si tenemos en cuenta que se trataba de una compilación de artículos y reflexiones que en muchos casos habían visto la luz en diferentes medios escritos. Su experiencia personal con muchos de los autores de su Editorial (Ignacio Martínez de Pisón, Enrique Vila-Matas), sus homenajes a otros colegas y su decidida defensa de la edición independiente, hacen que sus Opiniones mohicanas sean algo mas que un libro.


Luis García.- La publicación de sus Opiniones mohicanas, supone una especie de revisión de su etapa como editor. ¿Cómo fueron los inicios de Anagrama?.

Jorge Herralde.- A la vez difíciles y muy estimulantes. Coincidimos un grupo de editores más
amigos y cómplices que competidores, luchando contra la censura, descubriendo territorios inéditos, colmando enormes lagunas culturales. Una travesía muy excitante si no te quedabas en el camino .


L.G.- Su bautismo de fuego se produjo en México, allí presento en sociedad sus Opiniones mohicanas. ¿Por qué tan lejos?.


J.H.- Dos grandes amigos mexicanos, Sergio Pitol y Juan Villoro, que conocían muchos de mis artículos me insistieron en que los reuniera para la publicación inmediata y la presentación en la Feria de Guadalajara, dedicada a España. Así que recogí buena parte de ellos, los ordené y los editó Aldus, una pequeña editorial independiente mexicana que hace unos libros muy cuidados.



L.G.- Y después, en contra de lo esperado y cuando muchos creían que se publicaría en Anagrama apareció en Ediciones El Acantilado, otra editorial independiente aunque mucho mas joven que la suya. ¿Qué le hizo decidirse por ella?.


J.H.- La edición de El Acantilado contiene algo así como un tercio de textos nuevos con respecto a la de Aldus. Entre otros, faltaban textos sobre autores tan fundamentales como Álvaro Pombo, Soledad Puértolas, Esther Tusquets, Antonio Tabucchi o Hans Magnus Enzensberger. Aunque El Acantilado es, en efecto, joven, su editor es Jaume Vallcorba, que publica desde hace años en catalán con el nombre de Quaderns Crema, editorial que había elogiado a menudo en mis textos. Entre sus autores figuran, por ejemplo, Quim Monzó y Sergi Pàmies, que luego salen en Anagrama, traducidos al castellano.


L,G.- Anagrama, y en concreto usted, siempre serán recordados, mal que les pese a algunos, como los descubridores de talentos fundamentales para entender la literatura española de los últimos veinticinco años. Pero, ¿recuerda cual fue el primer título que editó la Editorial?.


J.H.- Tenían que salir simultáneamente tres colecciones: dos en castellano, "Argumentos" y "Documentos", y una en catalán, "Textos". Por razones de censura y problemas de producción, se produjeron ciertos retrasos; el primer título publicado, en abril de 1969, fue L'ofici de viure, la traducción al catalán de los diarios de Pavese, mientras que el primer título en castellano fue Detalles, de Hans Magnus Enzensberger, en mayo del mismo año.



L.G.- ¿Qué sintió cuando lo vio en las librerías?.


J.H.- Imagino que lo que sentirá cualquier editor. emoción, asombro. Y en casa, a solas, lo miraba y remiraba, lo tocaba: en fin, fetichismo sin recato


L.G.- Hay en el catálogo de Anagrama, autores e hitos fundamentales para entender el por qué desde sus comienzos fue una Editorial seria con clara vocación de pervivencia, y con una visión casi erudita del futuro. (La apuesta por valores como Alvaro Pombo, Martínez de Pisón,... etc). ¿Hasta que punto algunos de estos escritores fueron una apuesta personal de Jorge Herralde?.

J.H.- La gran mayoría de los títulos publicados por Anagrama - excepto ensayos muy especializados (lingüística, antropología, etc.) y algunos títulos aislados - han sido apuestas personales. En cuanto a los autores españoles, sin excepción, he decidido su publicación al leerlos personalmente. En muchas ocasiones, por fortuna, ha habido autores que se han convertido en imprescindibles; en otras, la apuesta no ha dado resultados tan fructíferos. Pero pienso que el balance no está nada mal. De todas formas, adivinar que un manuscrito es valioso no es difícil para un lector avezado; algo más complicado es alentar una carrera, contribuir a difundir la obra de un escritor valioso pero en sus inicios minoritario, configurar un catálogo.


L.G. En estos tiempos de globalización, en los que parecía que las Editoriales pequeñas llevaban camino de desaparecer engullidas por los grandes grupos, es curioso ver como sobrevive Anagrama, oponiendo calidad literaria a cantidad de volúmenes editados. ¿Cree suficientemente entendida por los lectores esta estrategia?.


J.H.- Precisamente Anagrama sobrevive, en buena parte, gracias a la fidelidad de aquellos lectores que se fían de la calidad de los libros de la editorial.


L.G.- ¿No observa cierto peligro en la concentración de Editoriales?. ¿No se corre el riesgo de que se controlen las ideas?.


J.H.- En efecto, la concentración de poder es peligrosísima en todos los ámbitos, político, económico, cultural. La búsqueda del máximo beneficio conduce a productos de fácil digestión y venta rápida, a la pauperización cultural: ningún misterio



L.G.- Otro acierto de la Editorial, fueron las Bibliotecas de Autor (Vladimir Nabokov, Patiricia Higsmith...) y los Premios que llevan su nombre, uno de los mas respetados del panorama literario precisamente por su independencia. Respetado, si, pero ¿siente que está suficientemente valorado?.


J.H.- Se trata de un premio con un único objetivo, la calidad literaria, independientemente de su calidad. Y aunque se hayan premiado títulos resueltamente minoritarios, pienso que en la lista de ganadores y finalistas está representada una parte no desdeñable de la mejor literatura en lengua española de las últimas décadas. Desde Pombo y Pitol en sus inicios hasta Bolaño, Giralt Torrente, Magrinyà y Gándara en los últimos.


L.G.- Porque el mercado se llena de Premios, homenajes..., en una vorágine que parece de película de Hollywood...


J.H.- El mercado precisa de estímulos, visibilidad, packages, campañas, secuelas


L.G.- Como toda Editorial que se precie, dado su volumen y los años que arrastra, también son sonados los casos de abandonos. Se puede desertar de un proyecto sin hacer ruido o dando un portazo... ¿Cómo considera usted que sería más elegante el hacerlo?.


J.H.- Las buenas maneras son absolutamente recomendables. Pero, a veces, en las complicadas relaciones entre autor y editor a veces hay componentes vividos pasionalmente.



L.G.- Se que no le gusta hablar de ello, pero ¿siente que se equivocó en algún momento con alguno de los ex-autores de Anagrama?.

J.H.- Toda vida profesional está plagada de errores, pero no recuerdo ninguno en especial respecto a ex autores. Quizá algún error previo de incorporación a Anagrama, pero eso es fácil decirlo a toro pasado.


L.G.- Debe de ser complicada la labor de editar, y me figuro que tremendamente dolorosa la de rechazar algún manuscrito. ¿Se ha arrepentido de algún rechazo en particular?.

J.H.- Rechazar un manuscrito de un amigo es muy doloroso y aún más si antes se le ha publicado algún título. Pero creo que, errores aparte, la primera fidelidad del editor es con la calidad literaria. Y con los seguidores del catálogo


L.G.- ¿Es difícil descubrir un talento literario?. Porque es conocido su instinto editorial a la hora de descubrir nuevos valores...


J.H.- Pienso que "descubrirlo" es fácil. Más difícil es instigarlos a que envíen sus manuscritos a la editorial. Y eso se consigue con un catálogo que enciende el deseo de los autores: "quiero estar en este catálogo, al lado de estos autores que tanto admiro".



L.G.- ¿Y mantenerlo fiel a la Editorial?.

J.H.- En estos tiempos del Mercado con mayúsculas, las fidelidades sólo pueden ser relativas. Hay megagrupos que ofrecen anticipos que ni remotamente se cubrirán, a fin de ganar prestigio, debilitar a otras editoriales, etc. Sería insensato pensar que un autor sea insensible a ciertas tentaciones desaforadas.


L.G.- Volvamos a Opiniones mohicanas. En el libro repasa su vida (literaria), homenajea a sus amigos y nos recuerda (me recuerda) que sus inicios como editor fueron similares a los míos como lector. ¿Se le puede pedir algo mas a un libro?.


J.H.- Uno de los propósitos básicos del libro son los mismos que tenía antes como simple lector: contagiar entusiasmos por mis autores preferidos, convencer a mis amigos que leyeran sus libros.


L.G.- ¿A que autor te hubiera gustado editar?.

J.H.- Por ejemplo, Borges, Mendoza, Marsé y tantos otros. Sin embargo, con los muchos autores extraordinarios que han querido publicar en Anagrama me siento razonablemente satisfecho.


L.G.- ¿Y a cual nunca editaría por mucho fenómeno social que significase?.

J.H.- Muchísimos más.


L.G.- ¿Cómo son las relaciones con sus colegas editores?.

J.H.- En general buenas y en muchos casos excelentes, francamente amistosas


L.G.- ¿Qué pesa más a la hora de editar a un desconocido?. La intuición, los informes de algún experto...


J.H.- Si se trata de literatura extranjera, hay información previa, los autores ya han pasado como mínimo un "descremado". En el caso de autores españoles, el primer "descremado" lo efectúan, claro está, los lectores editoriales.


L.G.- ¿Qué libro o autor le hubiera gustado descubrir y publicar?.


J.H.- Tiempo de silencio de Luis Martín Santos o La verdad sobre el caso Savolta de Eduardo Mendoza.



J.L.- ¿Saldrá adelante la idea del precio fijo de los libros?. Porque lamentablemente cada vez hay mas escritores e intelectuales que lo defienden...



J.H.- Confío en que se mantenga el precio fijo de los libros. Las experiencias de precio libre en otros países han desembocado, inevitablemente, en un encarecimiento general de los libros (excepto algunos bestsellers que no lo necesitaban), al cierre de librerías y al aumento de dificultades de los editores independientes: en resumen, un desastre cultural.


L.G.- Y por último, ¿qué sorpresas literarias nos depara Anagrama para este milenio?


J.H.- Intentaremos seguir descubriendo a excelentes autores y publicarlos de la forma más cuidada posible. Quizá esto no represente una sorpresa estrepitosa, así como programa, pero la sorpresa confío en que nos la deparen los autores que publiquemos. Por poner ejemplos próximos: la última novela de Paul Auster, aún inédita, The Book of Illusions, los dos libros de relatos póstumos de Patricia Highsmith, Austerlitz de W.G. Sebald o Historias y poemas para niños extremadamente inteligentes, una espléndida antología compilada por Harold Bloom.