domingo, 2 de mayo de 2010

Cartas del Norte de Luis Garcia para ebook en Literaturas Com Libros

Cartas del Norte de Luis Garcia para ebook en Literaturas Com Libros

La editorial española tiene ya a la venta alguno de sus títulos ( Hans y las lluvias de abril y Cartas del Norte) en distintos formatos digitales (epub, mobipocket y más) en:
http://www.smashwords.com/profile/view/lclibros

Provedores de ebooks para la tienda de Itunes, también para Barnes & Noble y para el modelo Kindle, en una versión en español:
http://ebooks-espanol.com/


En el caso del Ipad no se trata de una aplicación especial sino de la conversión al formato epub , el que tiene la tienda ibook de Apple :
http://www.apple.com/ipad/features/ibooks.html

Informa:
Alejandro Pérez Prat - Director editorial LcL

domingo, 11 de abril de 2010

Literaturas Com Libros en todos los soportes Apple

Literaturas Com Libros en todos los soportes Apple

La editorial española Literaturas Com Libros pone a la venta la nueva edición digital de "Hans y las lluvias de abril", novela póstuma de Juan Iturralde (autor de "Días de llamas"), para los soportes de Apple: Iphone, Ipod Touch e Ipad.

Una edición especial para una aplicación informática ("App", como se conoce por el uso del Iphone) que incluye el lector Atomic Reader (desarrollado por la empresa española Atomic Flavor), en el que se ha volcado y maquetado el contenido del libro “Hans y las lluvias de abril” para los soportes de Apple.

Según Alejandro Pérez-Prat, director editorial de LcL: "Aunque el Ipad todavía no está a la venta en España y puede que tenga un público muy específico, creo que no podemos ignorar la gran cantidad de potenciales usuarios de habla hispana de este nuevo dispositivo de lectura en el futuro. En Literaturas Com Libros siempre hemos apostado por los soportes y plataformas nuevas al considerarnos una editorial nativa digital. En la actualidad todo nuestro catálogo esta disponible en versión ebook para la mayoría de dispositivos lectores electrónicos que hay en el mercado; asi como en el formato clásico de papel. Entrando en el entorno de Apple consolidamos una presencia por la que llevamos apostando desde la creación de la editorial en 2005. La novela Hans y las lluvias de abril esta disponible, además, para todos los usuarios ya existentes del Iphone, del Ipod Touch y del Ipad".

La nueva edición electrónica de la novela de Juan Iturralde sólo se puede comprar a través de la tienda Itunes, tiene la ventaja de poseer una versión muestra lee gratis (LITE) que incluye las 30 primeras páginas del texto. El lector puede así acceder al contenido, ojearlo y adquirirlo si lo desea en la versión completa. El lector digital Atomic Reader da la posibilidad de acceder a la página web del autor, consultar la editorial o ver el video de presentación de la novela.

Literaturas Com Libros quiere desarrollar todo su catálogo -en un corto periodo de tiempo- a través de esta modalidad de edición, e incluso, ofrecer sus servicios como editores y asesores especializados para estos soportes de lectura.

Nuestro libro está disponible en :

"Hans y las lluvias de abril" de Juan Iturralde para Iphone:
http://itunes.apple.com/es/app/hans-y-las-lluvias-de-abril/id364897973?mt=8

"Hans y las lluvias de abril" de Juan Iturralde para Iphone (versión LITE)
http://itunes.apple.com/es/app/hans-y-las-lluvias-de-abril/id364899313?mt=8

Más información:
Alejandro Pérez-Prat - Director Literaturas Com Libros
alejandropprat@literaturas.com

sábado, 6 de marzo de 2010

La guerra de Himmler

Oí hablar por primera vez de este curioso libro, La guerra secreta de Himmler, (Tempos Editorial) del cuestionado autor británico Martin Allen, por boca de un viejo amigo en una Librería de Viejo de mi Vetusta natal. “No se puede entender la Segunda Guerra Mundial sin haberlo leído” me decía.... Y aunque no es del todo exacto, si que es cierto que el astuto Jefe de las SS, mano derecha del Führer y uno de los que más abogaron por encontrar las raíces de la Raza aria, habría de participar, y no precisamente en el final de la contienda, aunque también, en una de las operaciones secretas mas desestabilizadoras y enigmáticas de toda la contienda: las ocultas negociaciones con los aliados para conseguir el final dialogado de la misma. A cambio, ganarse su derecho a quedarse al frente de una Alemania destruida física y moralmente. Uno tiende a pensar que Himmler en realidad nunca creyó en la victoria final, ni aún cuando militarmente las cosas les eran favorables. Es más, que para él, Hitler no era sino un estorbo para la consecución de sus planes. Pero con el tiempo se fue convirtiendo en un títere en manos de los aliados y solo su suicidio parecía el final mas digno a una maquiavélica vida, aunque fuese un final lleno de interrogantes. Con todo, uno tiende a pensar que aún faltan muchos años y muchos documentos por desclasificar para conocer la verdad. Pasión por la II Gran Guerra.

domingo, 31 de enero de 2010

Las historias secretas que Hopper pintó

Un lector, que a su vez tenga como segunda (o primera) afición la pintura, puede llegar a Edward Hopper de muy diversas maneras: a través de las portadas de un libro, de las declaraciones de Román Polansky quien llegó a afirmar que su conocido lienzo “Aves nocturnas” habría podido invertarlo –pintarlo- un cineasta, e incluso a través de esa simpática serie de dibujos que todas las tardes se asoma y nos sonroja en nuestros televisores, Los Simpson, quienes tuvieron la desfachatez y el descaro de reproducir algunas de sus imágenes en algunas de sus capítulos. Lo que no sabíamos (al menos yo lo desconocía) es que también el genial Alfred Hitchcock quedó fascinado por su mundo pictórico, inspirándose en el óleo Casa junto al ferrocarril para su celebre Psicosis, o que John Updike llegó a escribir un poema al quedar literalmente prendado por la tela Habitación de hotel, en donde una mujer joven en ropa interior lee una carta sentada sobre una cama de un hotel, mientras observa como reposan sus maletas. Ahora, Icaria Editorial publica Las historias secretas que Hopper pintó, en donde Erika Bornay traza a partir de sus lienzos aquellas imágenes posibles, reales o imaginarias, pero siempre mostrándonos la cara oculta de una obra de arte que siempre está presente: esperando que alguien la interprete

domingo, 10 de enero de 2010

Iguales pero distintos

¿Se han fijado en la extraña coincidencia de las portadas de las libros?. Quiero decir. Últimamente, quiero pensar que por pura casualidad ya que de lo contrario tendríamos que estar hablando de la escasez de ideas de los diseñadores de las mismas, confluyen en las librerías diferentes textos con idénticas tapas, lo que a menudo da origen a confusiones, o cuando menos a comentarios curiosos por parte de cuantos seguimos el mercado Editorial como si de una Etapa Reina de la Vuelta Ciclista se tratase. Y para que nadie se llame a engaños, voy a citarles tan sólo algunos casos, en la seguridad de que son muchos más: nos encontramos así con el ensayo El universo, los dioses, los hombres, de Jean-Pierre Vernat (Anagrama) cuya portada, detalle de crátera ática del año 570 a.C. lo podemos ver además de en el Museo Arqueológico de Florencia, en la novela La caverna de las ideas, (Alfaguara) de José Carlos Somoza. También podemos deleitarnos con el Retrato de Poseuse de George Pierre Seurat tanto en los Cuentos Completos de Catherine Mansfield editados por Alba como en la novela corta de Antonio Muñoz Molina En busca de Blanca, editada por El Círculo de Lectores, o con el retrato de I.S. Turguévev de V.S. Pérov (1872) en Diario de un hombre superfluo (KRK) y Páginas autobiográficas (ALBA) ambos del propio Turguenev. Pues bien. Lejos de ser una curiosidad resulta cada vez con más frecuencia una constante dentro del gremio editorial, como si se intentase con ello cubrir una carencia determinada, o contrarrestar un éxito puntual. Pero, ¿acaso Muñoz Molina necesita ampararse en estrategias de mercado para vender más libros?. ¿Se imaginan ustedes a Manuel Vicent compitiendo con otros autores (ahora que recuerdo también sus Máscaras de Aguilar se vio reproducido en El barón y las bestias del infierno de Juan Perucho en la Editorial Xordica) por un pedazo de la tarta de ventas?.
Cuando era mas joven, y acudía con regularidad al cine, recuerdo que cuando terminaba la película siempre me quedaba hasta el final aguantando el tipo, es decir, hasta que pasaban todos los títulos de crédito. Esa costumbre, por desgracia desaparecida hoy en día merced a la mala educación de los espectadores que no contentos con mostrarla en público se dedican a inculcarlas a sus hijos, junto a las temidas palomitas de maíz, esa costumbre decía, consiguió que con el tiempo conociéramos a los diferentes responsables de fotografía de los filmes, a sus jefes de vestuario y hasta a quien traducía a un determinado autor. ¿Quien no recuerda la traducción de los Cuentos de Allan Poe por Julio Cortazar, o la de la trilogía de Italo Calvino que bajo el genérico título de Nuestros antepasados, conformada por El barón rampante, El vizconde demediado y El caballero inexistente, habría de consagrar la labor de Esther Benítez?. Sirve todo esto de ejemplo, porque por desgracia sólo recientemente se había comenzado a valorar las carátulas de las portadas de los libros, pero supongo que muy pocos lectores estamos en disposición de citar al responsable del diseño gráfico de alguna Editorial, salvedad expresa por supuesto, de Enric Satué, a quien nunca podremos agradecerle lo suficiente la sobriedad de aquellos volúmenes de antaño de Alfaguara. Todos iguales, pero todos diferentes.
Es por eso que me llama la atención el que ahora, justo cuando la profesión de diseñador comienza a ser respetada, las Editoriales muestren sus debilidades tan a las claras y sin ningún pudor exhiban en los escaparates de las librerías y en igualdad de condiciones los títulos de su catálogo, como denostando e infravalorando una de las razones fundamentales que intervienen a la hora de la compra de un libro: la portada. Porque existen libros, no nos llamemos a engaños, que se adquieren única y exclusivamente por la atracción que sobre nosotros ejerce su portada. Pero, cuando esta se repite con insistencia, y a veces coincidiendo con un autor que nunca habríamos de comprar, dicha atracción, cual inexhuberante manifestación telúrica, pierde su virtud enterrada entre bastidores y se dispone a dormir el sueño de los justos, o el del olvido.
No desdeñemos un libro por el talante de su cabecera, no sería justo. Pero dotémosle de la personalidad y del rigor estilístico necesario para que, como en aquellos filmes de antaño, sepamos reconocerle con el tiempo merced a la huella dactilar que dejó en nuestro interior.

miércoles, 9 de diciembre de 2009

UNa tarde de cine

Recuerdo que cuando era niño, mi padre me llevaba a aquellas sesiones matinales de "cine mudo" de los Domingos a la mañana. El cine "Santa Cruz", así se llamaba, era uno de esos locales viejos con olor añejo, que te hacían sentir especial cuando te sentabas en sus butacas, sobretodo cuando te dedicabas a escarbar en los agujeros que lentamente iba taladrando la polilla. Allí no había palomitas de maíz, ni coca colas, y siempre teníamos a nuestra vera la linterna amiga del acomodador que con su gorra de plato nos alumbraba el camino por el pasillo. Así que, mientras mis amigos del barrio se iban a la iglesia, yo me iba al cine. Creo que es esa y no otra, la razón de mi posterior agnosticismo, y de mi creciente afición por el "Séptimo Arte". Con todo, fue la mía una infancia feliz, imbuida de las películas en blanco y negro de "Charlot" (entonces le conocíamos por ese nombre), y de las acrobacias de Harold Lloyd. Mención aparte merecen los inefables que tantos y buenos momentos me hicieron pasar, Stan Laurel y Oliver Hardy, "El Gordo y el Flaco", el maravilloso Buster Keaton, o "Los hermanos Marx", hoy desgraciadamente semiolvidados tanto por la crítica como por el público. Y digo "semiolvidados", porque aunque a veces algún canal de televisión se acuerda de ellos, por ejemplo de "Un día en las carreras", o de "El maquinista de la general", suele estar ese recuerdo tan desprovisto del cariño de antaño que dichos pases acostumbran a pasar desapercibidos. En fin.

domingo, 15 de noviembre de 2009

DOS HOMBRES, DOS NOMBRES

Johann Wolfgang Goethe trazó una «W» sobre la manta que lo arropaba poco antes de morir y casi cien años después, Orson Welles pronunció unas enigmáticas sílabas en su lecho de muerte, las de un nombre que a su vez había sido utilizado por el propio director de niño para bautizar el trineo de su infancia. ¿Coincidencia de dos genios o grotesco destino? ¿Conocía Welles los avatares que rodearon la muerte de Goethe?. Es posible que sí, que el magistral director fuera conocedor tanto de la vida como de la muerte del genial poeta y dramaturgo, así como de las eventualidades que rodearon su imagen. No en vano, el carácter monolítico, estático y solemne del «padre» de Werther, a decir de Ortega y Gasset, podría perfectamente firmarlo la personalidad del «padre» del cine moderno. Ambos descubren en sus obras a personajes brillantes y vitalistas, marcados por su nacimiento y por la instrucción que habrían de recibir en su juventud. Ambos sabían y eran conscientes de ser unos genios y como tales se aceptaban. Cada uno en su disciplina, provocaron la perenne fascinación de ser excepcionales en todos los sentidos, ya que para un genio las cosas suceden de una forma fluida y suele dar por sentado su inmortal condición desde su propia naturalidad. Fueron surgiendo de esa manera obras como Penas del joven Werther, conjunto de escritos que a pesar de no haber sido configurados en un principio por Goethe como un todo integral indivisible, en 1774 aparecieron como novela, y Ciudadano Kane, paradigma del cine contemporáneo, tanto por la temática que desarrolla como por la ejecución de sus planos en donde Orson Welles desborda maestría y oficio como pocas veces se había visto hasta entonces. La obra de Goethe, que vería prohibida su difusión en España por ser considerada «análoga a otras recogidas y condenadas por el Santo Tribunal de la Inquisición», debe su éxito a haber sabido conjugar como pocas la sensibilidad y el talante de una época marcada por el desarrollo de la Ilustración. Si al Cándido de Voltaire se le considera el símbolo filosófico-literario de una actitud ante la vida, Penas del joven Werther pasa por ser justo lo contrario, en definitiva «las sombras de la pasión» frente a «las luces de la razón», o por decirlo de otra forma, la lógica francesa frente a la candidez germana. En cierto modo, el filme Ciudadano Kane está impregnado de idéntico romanticismo, algo que se ve desbordado en dos momentos de la película, dos instantes que coinciden con el momento clave en el que Orson Welles pronuncia la palabra sobre la que tanto se ha escrito. Mejor dicho, Welles la pronuncia en uno sólo de ellos, ya que en otro, lo que se visiona es un viejo trineo con dicha palabra grabada en su lateral consumiéndose por el fuego. ¿Qué mensaje quiso trasmitir el genial director? Es posible que nunca lo sepamos, de igual forma que desconocemos el verdadero motivo por el que Goethe a la edad de 26 años decide partir para Weimar, la pequeña ciudad en la que habría de residir el resto de sus días como cortesano, hombre de estado y poeta, que es como realmente nos interesa conocerlo. No es Ciudadano Kane una película fácil de ver aún a riesgo de parecer lo contrario, como tampoco Penas del joven Werther parece a simple vista una obra de cómoda lectura. Si cabe, ambas fueron concebidas en su juventud por dos espíritus indestructibles que vieron pasar la vida como una exhalación a su lado. Sólo cuando Goethe, después de trazar con sus dedos una «W» sobre la manta que le cubría, posiblemente la inicial de su particular Prometeo, o la de la indestructible Weimar, muere en una mañana del 22 de marzo, y cuando Orson Welles escupe con olor mancillado la palabra Rosebud sobre el objetivo de la cámara, uno tiene la sensación de ser partícipe inconsciente de un secreto que va más allá del inicialmente creado por sus ascendientes