miércoles, 20 de julio de 2011
Mutismo absoluto
Hay autores que pasan por la vida (literaria, se entiende) sin apenas meter ruido, sin levantar ni una sola polvareda, sin ser objeto de mas recriminaciones o escándalos que los propios que generan las envidias mas ruines y mezquinas. Generalmente suelen ser escritores, como algún laborioso crítico literario suele decir, que nunca habrán de jugar en Primera División, entre otras razones porque aún sobrándoles capacidad de trabajo y ambición, les falta talento (dicen), cualidad que en boca de tan sesudos censores suele ser sinónimo de fracaso. Son creadores ocultos, que acostumbran a guardar una timidez nada casual, y que en muchos casos alientan con su silencio el mito de Bartlebly. Me viene a la memoria ahora Juan Rulfo, de quien muchos nada sabíamos hasta la concesión del Premio Príncipe de Asturias de las Letras, y más en concreto hasta aquella demostración de amistad que le dedicara Gabriel García Márquez acompañándole en su entrega, para quien su simple memoria justificaba sus Cien años de soledad. Ahora, se reeditan las novelas completas de otro mito de la literatura:
Magroll el viajero, la secuencia histórica que ideara en este caso otro colombiano menos ilustre que el anterior pero como Rulfo también Premio Príncipe de Asturias de las Letras, amigo de Gabo y como buen amigo del Nóbel que es, referente de su obra. Y ha vuelto a suceder. Gabriel García Márquez, Gabo para aquellos que tienen la fortuna de conocerle, ha vuelto a darnos una auténtica clase literaria, una muestra de su mejor quehacer desde las páginas de un conocido diario nacional. Y todo, para contarnos las diferentes anécdotas que rodearon la génesis y posterior publicación de Cien años de soledad. Es Gabriel hombre parco en palabras aunque no en letra impresa, no en vano en su legado habrá de dejarnos algunas de las páginas más brillantes y de las más lúcidas anécdotas de la historia de la literatura. Y todas, rodeadas del necesario misterio que se le exige a un escritor de la talla moral y humana de Gabo. Y al igual que cuando viniera de incógnito sucesivamente por la vetusta ciudad de Oviedo con ocasión de las entregas del Premio Príncipe de Asturias de las letras a sus amigos Álvaro Mutis y Juan Rulfo, con el único fin de acompañar a quienes consideraba un poco como sus maestros y mentores, ahora que le hacen entrega del Cervantes al primero de ellos, rinde homenaje merecido a quien considera un poco como su albacea literario. Por entonces, cuando el Príncipe de Asturias, pocos conocían (entre los que me incluyo) la obra del autor del Magroll el viajero, pero mucho éramos los seguidores de la estela del Nóbel colombiano. García Márquez, que no era ajeno a tanta expectación pero que tampoco pretendía robarle mérito a su amigo, estuvo recluido en las habitaciones del hotel hasta la llegada de la hora de la entrega de los Premios. Sólo así algunos pacientes lectores conseguimos que estampase su firma en uno de sus libros. Y al igual que sucediera con Rulfo pocos conocíamos la impostura de Magroll, o de Mutis, o de Márquez. Fue allí cuando comenzó a fraguarse la leyenda de la sugerencia que un buen día, años antes de que Cien años de soledad viera la luz, le hiciera Álvaro Mutis a su buen amigo García Márquez: que se leyera el Pedro Páramo de un tal Juan Rulfo, y que después escribiera. La historia, tan caprichosa como injusta, habría de tergiversar aquel hecho dotándole de una impronta de candidez que poco o nada aportaría a un suceso cargado de romanticismo. Cuesta imaginar a Gabo recomendándole a Álvaro Mutis la lectura de la maravillosa novela de Juan Rulfo, y no porque atente contra la regla de la verosimilitud, sino porque en nuestro fuero interno ya habíamos trazado la línea divisoria que uniría indefectiblemente a los tres escritores, y lo más importante, nos creíamos la historia. Aprender a leer es aprender a escribir, y viceversa. Esa lección la aprendió primero Álvaro Mutis para después trasmitírsela a su amigo Gabo. Por eso de alguna forma, Magroll, como el coronel Buendía, están unidos inexorablemente en el éxito y en el fracaso, y por eso quienes reímos, sufrimos y lloramos con la buena literatura no podemos sino sentirnos herederos de la obra del Premio Cervantes como en su día lo fuimos del Nóbel.
martes, 21 de junio de 2011
Guerra y surrealismo

¿Qué son las Cosmicómicas?. Italo Calvino invento las Cosmicómicas que es tanto como decir que Albert Einstein desarrollo la teoría de la Relatividad. Las leí en su momento en una vieja edición pero aparte de la recopilación anterior hecha por Siruela, creo que nunca las habíamos tenido todas juntas. De ahí el enorme merito y placer de volver a encontrarme con ellas. Y si como digo, Einstein regaló a la humanidad la ya famosa fórmula e=mc2, Calvino es el autor de algunos de los más maravillosos relatos fantásticos del siglo XX. Y Las cosmicómicas forman parte de ese legado. Comparar ambos genios no es baladí, permítanme decirlo. Las tribulaciones del viejo Qfwfq, protagonista de estas cosmicómicas, en las que Calvino trasladó al lenguaje de la calle todo el sesudo desarrollo matemático-filosófico-científico de la ciencia moderna, nos resultan tan cercanas o lejanas como las teorías del viejo profesor. En medio, el convencimiento por parte de los dos de que la ciencia no debe ser ajena al pueblo. Todo lo contrario. De que es posible vivir el día a día intentando entender el devenir científico que nos rodea. Y de que la fina línea que la separa de la literatura es inapreciable he impredecible. En fin.

Nocilla Experience fue uno de esas novelas inclasificables para los lectores que tanto gustaron a los críticos por ser absolutamente rompedoras con lo publicado hasta la fecha. En ella confluían Internet, los blogs, las performances, la poesía postpoética, los graffitis, el comic y como no, a veces, destellazos de la novela mas decimonónica. Y todo batido invitaba a convertirse algún día en novela grafica. Y ese día ha llegado. Si Nocilla Experience era un calidoscopio de imágenes y sensaciones, Nocilla Experience (La novela grafica) es un calidoscopio de imágenes amplificadas gracias a la magia del comic. Si en Nocilla Experience primaban las vivencias, ahora lo hacen los contenidos visuales, pero siempre dentro del relleno de unos protagonistas que nunca sospecharon ni por asomo que podrían serlo de un comic. La dificultad de llevar Nocilla Experience a la novela gráfica, radica precisamente en la propia estructura del libro: pequeños paratextos, que no son ni textos ni hipertextos. Y desde esa experimentación literaria cercana a las vanguardias, Agustín Fernández Mallo había entregado a la imprenta un gigantesco texto conformado por infinidad de pequeños paratextos. “El mundo es fragmentario”, decía el autor. Su novela también. Porque para leer Nocilla Experience había que hacerlo con la vista, pero también con el oído, el olfato, el gusto.... y como no, el tacto, y algún que otro sentido que no recuerdo. Por eso la novela invitaba convertirse en Novela grafica. Y Pere Joan o ha hecho.

El siglo XX, nos dejó entre otras cosas, dos grandes guerras: la I y la II guerra mundial. La belleza y el dolor de la batalla, este monumental fresco firmado por el historiador y secretario de la Academia Sueca Peter Englund, se ocupa precisamente de la primera de ellas, y resulta curiosa ya que la literatura respecto de la misma podríamos decir que salvo casos notables brilla por su ausencia. Referirse a La belleza y el dolor de la batalla como un “fresco literario”, es posiblemente la mejor manera de hacerlo. Estamos ante decenas de testimonios de veinte personas que vivieron la contienda día a día, que realmente existieron reales, nunca personajes de ficción, lo que otorga más verosimilitud al relato. Hombres y mujeres que nos son cercanos porque al igual que en cualquier otra guerra posterior (o anterior) hubieron de sufrir idénticas vivencias: la pérdida de la juventud, del ser querido, de los familiares…. Por todo ello y mucho mas, La belleza y el dolor de la batalla es un fresco literario, un bodegón por el que transitan personajes históricos anónimos que un día tuvieron nombre y que hoy, posiblemente descansan en algún lugar de Europa del que nunca habían oído hablar. Un libro a decir de muchos comparable a la gesta literaria de Vasili Grossman.
lunes, 13 de junio de 2011
DOS HOMBRES, DOS NOMBRES

Johann Wolfgang Goethe trazó una «W» sobre la manta que lo arropaba poco antes de morir y casi cien años después, Orson Welles pronunció unas enigmáticas sílabas en su lecho de muerte, las de un nombre que a su vez había sido utilizado por el propio director de niño para bautizar el trineo de su infancia. ¿Coincidencia de dos genios o grotesco destino? ¿Conocía Welles los avatares que rodearon la muerte de Goethe?. Es posible que sí, que el magistral director fuera conocedor tanto de la vida como de la muerte del genial poeta y dramaturgo, así como de las eventualidades que rodearon su imagen. No en vano, el carácter monolítico, estático y solemne del «padre» de Werther, a decir de Ortega y Gasset, podría perfectamente firmarlo la personalidad del «padre» del cine moderno. Ambos descubren en sus obras a personajes brillantes y vitalistas, marcados por su nacimiento y por la instrucción que habrían de recibir en su juventud. Ambos sabían y eran conscientes de ser unos genios y como tales se aceptaban. Cada uno en su disciplina, provocaron la perenne fascinación de ser excepcionales en todos los sentidos, ya que para un genio las cosas suceden de una forma fluida y suele dar por sentado su inmortal condición desde su propia naturalidad. Fueron surgiendo de esa manera obras como Penas del joven Werther, conjunto de escritos que a pesar de no haber sido configurados en un principio por Goethe como un todo integral indivisible, en 1774 aparecieron como novela, y Ciudadano Kane, paradigma del cine contemporáneo, tanto por la temática que desarrolla como por la ejecución de sus planos en donde Orson Welles desborda maestría y oficio como pocas veces se había visto hasta entonces. La obra de Goethe, que vería prohibida su difusión en España por ser considerada «análoga a otras recogidas y condenadas por el Santo Tribunal de la Inquisición», debe su éxito a haber sabido conjugar como pocas la sensibilidad y el talante de una época marcada por el desarrollo de la Ilustración. Si al Cándido de Voltaire se le considera el símbolo filosófico-literario de una actitud ante la vida, Penas del joven Werther pasa por ser justo lo contrario, en definitiva «las sombras de la pasión» frente a «las luces de la razón», o por decirlo de otra forma, la lógica francesa frente a la candidez germana. En cierto modo, el filme Ciudadano Kane está impregnado de idéntico romanticismo, algo que se ve desbordado en dos momentos de la película, dos instantes que coinciden con el momento clave en el que Orson Welles pronuncia la palabra sobre la que tanto se ha escrito. Mejor dicho, Welles la pronuncia en uno sólo de ellos, ya que en otro, lo que se visiona es un viejo trineo con dicha palabra grabada en su lateral consumiéndose por el fuego. ¿Qué mensaje quiso trasmitir el genial director? Es posible que nunca lo sepamos, de igual forma que desconocemos el verdadero motivo por el que Goethe a la edad de 26 años decide partir para Weimar, la pequeña ciudad en la que habría de residir el resto de sus días como cortesano, hombre de estado y poeta, que es como realmente nos interesa conocerlo.

No es Ciudadano Kane una película fácil de ver aún a riesgo de parecer lo contrario, como tampoco Penas del joven Werther parece a simple vista una obra de cómoda lectura. Si cabe, ambas fueron concebidas en su juventud por dos espíritus indestructibles que vieron pasar la vida como una exhalación a su lado. Sólo cuando Goethe, después de trazar con sus dedos una «W» sobre la manta que le cubría, posiblemente la inicial de su particular Prometeo, o la de la indestructible Weimar, muere en una mañana del 22 de marzo, y cuando Orson Welles escupe con olor mancillado la palabra Rosebud sobre el objetivo de la cámara, uno tiene la sensación de ser partícipe inconsciente de un secreto que va más allá del inicialmente creado por sus ascendientes.
lunes, 2 de mayo de 2011
Dos libros curiosos

Recupera la Editorial Lengua de Trapo dentro de la celebración del quince aniversario de LdT, uno de sus títulos más emblemáticos, la novela Sangre a borbotones, firmada por el entonces desconocido autor Rafael Reig, y amparada entre otras cosas por la cualidad de haber sabido ir ganándose un hueco dentro del panorama literario en curso. Conviene decir que estábamos ante una de las mayores, si no mejores, cosechas literarias de los últimos tiempos, por lo que desde el principio Sangre a borbotones estaba llamada a pasar desapercibida. Pero el tiempo, los buenos oficios del escritor y de la obra, y los piropos que algunos de sus colegas le dedicaran por ejemplo en la edición de la Semana Negra de Gijón del año 2002, obraron el milagro. Básicamente la novela es aparentemente sencilla y hasta lineal. En un Madrid irreconocible en el que El Paseo de la Castellana se configura como una de las principales vías de comunicación... marítimas, en un país en el que el Partido Comunista acaba de ganar las elecciones, en definitiva, en un contexto tan inverosímil como irreconocible, el detective Carlos Clot se enfrenta a los que posiblemente habrán de ser los tres casos más importantes de su carrera: la aparente infidelidad de la mujer de un empleado municipal, la huida de la supuesta hija adolescente, y aparentemente drogadicta, de un desesperado padre con pinta de maniquí de tercera generación, y la también desaparición -metanovela pura y dura - de la protagonista de la novela, Sangre a borbotones se titula, de un autor de tercera fila, que en un momento dado decide cobrar vida al margen de su creador. Mezcla de novela negra y de ciencia ficción y con un espectacular arranque de por sí tan disparatado como las 170 páginas siguientes, una cosa es cierta: Aunque en algunos momentos sufra altibajos narrativos y los árboles no dejen ver el bosque, no deja a nadie indiferente.

Por otra parte, pertenezco a una generación, que como Esther Tusquets, tiene o mantiene la celebre costumbre de ceder el asiento en el autobús a los inválidos, ancianos y mujeres embarazadas, que acostumbra a ser puntual en sus citas y acudir a las mismas con el dinero suficiente para que nadie te llame gorrón o te saque los colores, que procura ser discreto ante la presencia de uno de esos maravillosos buffets de barra libre con los que solemos soñar a menudo, que se adapta al calor cuando hace frío, y al frío cuando hace calor, todo sea para no perturbar al resto de los mortales, todo sea por no dar la nota, que se vuelve invisible en una esquina de un café a la espera de que el solicito camarero te vea y te atienda, que se ha sentido engañado, estafado en mas de una ocasión por taxistas, médicos, supuestos amigos, compañeros de trabajo sindicalistas, políticos, y nuevamente taxistas, médicos, amigos….., que aún llegando a perder buena parte de la fe en el ser humano continua confiando en el….. Pero no teman. Todo se pasa. La lectura de Pequeños delitos abominables (Ediciones B) es, a pesar de su autora, de nosotros mismos, reconfortante. Y al cierre del libro, la mala educación y cuantos epítetos sean achacables a mi generación, habrán sido un espejismo. Y al cierre del libro, la mala educación y cuantos epítetos sean achacables a mi generación, habrán sido un espejismo. Cierra el libro una propuesta de decálogo que no tiene desperdicio, que comienza: Capítulo 1.- Dado que amar al prójimo como a ti mismo resulta complicado, bastará que procures llevarte con él lo mejor posible. En fin.
domingo, 27 de marzo de 2011
Cuando la literatura recobra sentido

Pues cuando parecía que ya no íbamos a tener mas entregas del Nóbel lusitano, Alfaguara, su Editorial de toda la vida, nos entrega El ultimo cuaderno, en traducción, como no, de su mujer – viuda (que raro se me hace tratarla así) Pilar del Río. El último cuaderno es, como el propio título indica, las últimas anotaciones del blog de José Saramago. Por el mismo, desde Marzo de 2009 hasta junio de 2010, concretamente hasta el trágico acontecimiento del asalto israelí de la flotilla humanitaria de ayuda a Palestina, Saramago procura una vez más desgranar la vida social, política, cultural, humana…. de todo cuanto le rodea, consciente, imagino, de que su final esta cercano, demasiado cercano, e intenta dejarnos unos guiños a nosotros, los lectores, haciendo buena aquella máxima, mal que le pese, de que la literatura es un arma capaz por sí sola de cambiar el mundo. Volverá a hacer mención, como no, a sus monstruos favoritos: Berlusconi, Bush… Sin olvidarse de sus amigos, los presentes y los ausentes. Y es que a su modo, este Cuaderno de Lanzarote, este ultimo cuaderno es, mal que le pese, un testamento literario, un epitafio….Una de sus ultimas entradas dice: Tocarán a muerto, si, pero millones de personas saben señalar el cadáver, que no es el Garzón, esclarecido, respetado y querido en todo el mundo, sino el de quienes, con todo tipo de argucias, no quieren una sociedad con memoria, sana, libre y valiente. Demasiado premonitorio, ya que dicha entrada se corresponde con la fecha 14 de Mayo del año 2010. Justo un mes antes de morir.

"También te recuerdo que fuimos las mujeres que hicimos fuerza cuando todo estaba perdido para que los sacaran, porque las mujeres somos luchadoras. Transmíteles a lo otros 32 esto". Fragmento de una carta de Marta Salinas, esposa del minero Jonni Barrios. En el mes de Agosto del 2010, un trágico acontecimiento habría de cambiar por completo la vida de 33 mineros chilenos. Enterrados en vida en una galería subterránea desde el 5 de agosto, nadie creía en su rescate, salvo sus mujeres y seres queridos, hasta que fueron rescatados el 13 de octubre en una operación televisada vía satélite a todo el mundo. Esta es la historia de aquella epopeya, de las entrevista de las mujeres, lideres sindicales, parlamentarios, religiosos y en definitiva de todos cuantos formaron aquello que se denomino “Campamento Esperanza en torno a la mina San José. Testimonios privilegiados de alguien que los vivió en primera línea de fuego, la periodista Emma Sepúlveda, que quiere reivindicar en este libro la fuerza de las mujeres cuando muchos lo daban todo por perdido. Setenta días de noche (Plataforma) es el relato conmovedor de quienes vivieron y sufrieron su particular encierro junto a sus maridos, ajenas a la farándula que se estaba creando a su alrededor. De ahí su merito.
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sábado, 12 de marzo de 2011
Libros El Tragaluz

En plena crisis del sector del libro, cuando los grandes grupos se empeñan en mantener una soterrada reconversión que se traduce entre otras cosas en una reducción de títulos anuales y en una apuesta al vacío por eso que se ha dado en llamar como e-book, observamos que no paran de nacer aventuras editoriales que tienen en la calidad de sus servicios su verdadera tarjeta de presentación. Me vienen a la memoria en estos momentos Nórdica Libros, Impedimenta, Libros del Asteroide…. y una iniciativa empresarial nacida en La Rioja, El Tragaluz Libros, al calor de su editor, Fernando García, que esta consiguiendo poco a poco abrirse un pequeño hueco en el mercado editorial de la comunidad riojana, y que recientemente ha presentado su último libro, Gavilanes de Plata, de Julio Armas Ruiz, en el Centro Riojano de Madrid. Presentación que corrió a cargo de Jon Juaristi. Julián Murillo con Claire Afterlom, Demetrio Guinea con El escriba y el rey, son sólo algunos de los autores de su creciente catalogo. Nadie duda a estas alturas de la importancia de las Editoriales minoritarias dentro del panorama literario nacional, porque desde siempre fueron cuna y cantera de las grandes, a quienes les resulta mas sencillo, rápido y barato arrebatar los autores descubiertos por otros a veces con no poco esfuerzo e intuición, que apostar ellas por alguno en concreto, operando de ese modo de igual manera que lo hace un club de fútbol poderoso, léase Real Madrid, Barcelona, etc, con los modestos, a quienes cuando les fichan un jugador no les queda más alternativa que el derecho al pataleo, y la búsqueda de nuevos diamantes en bruto, que una vez pulidos y tratados, pasaran a su vez a engrosar la nómina de los poderosos.
domingo, 2 de enero de 2011
Memorias y novela negra

Es este uno de esos libros inclasificables, una de esas raras piezas biográficas (autobiografías) que se leen despacio, como si el tiempo se hubiera detenido detrás de los barrotes de la cárcel de la isla de Robben donde estuvo encerrado y enterrado Nelson Mandela, uno de los políticos mas carismáticos que aun permanecen vivos. Y decir esto no es baladí, habida cuenta el bajo perfil de los mismos que actualmente estamos soportando. Conversaciones conmigo mismo (Planeta – 2010) es una autobiografía que parece no tener fin, pero tampoco principio. Como la propia vida de quien la firma, del líder Mandela. Pensamientos, reflexiones, diarios, borradores, escritos…. Todos necesitamos un líder en tiempos de incertidumbre política y económica, parece querer decirnos entre bastidores, o entre barrotes, ya que de eso estamos hablando precisamente. De cuanto dejó escrito, dibujado y vivido entre barrotes. Conversaciones conmigo mismo comenzó a escribirlo en la clandestinidad de la cárcel, pero, ¿es que acaso se puede estar encerrado cuando no se quiere estar encerrado?. Es esta pues la historia de toda una vida entregada a una causa, a un pueblo, a una idea, a una nación. Mandela. El último gran hombre del siglo XX.

Una de las imágenes recurrentes de mi infancia, era la de Harpo Marx, el hermano mudo de los hermanos Marx, el más fascinante y seductor de todos ellos, hablando. Si, hablando. Se comunicaba con el arpa, pero no era suficiente, e incluso creo recordar que en una ocasión estuvo a punto de exclamar unas escuetas palabras, por supuesto de amor hacia una dama. Todo se quedo reconvertido en lágrimas y en una maravillosa melodía con las que acostumbraba deleitarnos con el arpa en las películas. Harpo Habla (Seix Barral) es algo más que unas memorias al uso de uno de esos talentos ocultos de Holywood. Por eso, la primera frase de las mismas son premonitorias de lo que nos vamos a encontrar en el libro: “No se si mi vida ha sido un éxito o un fracaso. Pero como no tengo ninguna prisa en convertirme en ninguna de las dos cosas y dejar de ser la otra, y puesto que me tomo simplemente las cosas tal y como vienen, me sobra mucho tiempo para disfrutar de la vida”. Harpo Habla.
Sin duda alguna las memorias que todos estábamos esperando de los Hermanos Marx. Tantas ediciones de la Semana Negra de Gijón, tantas de Getafe Negro, de Barcelona Negro, de Salamanca Negro…. Tantos simposios, certámenes, congresos, cónclaves, mesas redondas, discusiones entre los efluvios de los whiskys…. Y a nadie se le había ocurrido (y cuando digo nadie me refiero a ninguna Editorial) editar una Guía de la novela negra. ¿Era necesaria?, se preguntaran los más puristas del género. Bien. Como lector mas y seguidor de la novela negra desde hace tiempo, puedo afirmar que si. He descubierto con estupor en esta maravillosa guía editada por errata narutae autores desconocidos, detalles que no recordaba de otros, sobre todo de los clásicos americanos, pero por encima de todo, creo que Guía de la novela negra ayudará al neófito a adentrarse en el género, y al profano, cual Woody Allen cualquiera, a poder responder por fin la temida pregunta del final de Manhattan. Sólo nos resta saber quien se esconde tras tan enigmático heterónimo. ¿O acaso saben ustedes quien se esconde tras Héctor Malverde?.
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